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Costa accidentalmente bonita

   

Los municipios reclaman más ayudas en materia de seguridad. | MOISÉS PÉREZ

CRISTINA DELGADO | PUERTO DE LA CRUZ

Aquí el Sol no brilla siempre y playas kilométricas no hay, pero se encuentran otras muchas cosas. El Norte de Tenerife encierra encantos que pocos turistas llegan a conocer, y uno de sus tesoros es el litoral. Se trata de otra manera de acercarse al mar, un mar más limpio y transparente cuyas orillas abruptas, apenas tocadas por la mano del hombre forman los charcos norteños. Estos enclaves son zonas óptimas para el pequeño pescador y para los amantes de aguas cristalinas que buscan evadirse del estrés de las multitudes. Las extensiones de fincas plataneras que colindan con estos parajes envuelven la costa ayudando a no masificarla.

Pero la seguridad se convierte en el punto flaco. Por peligro de desprendimientos se cierra el acceso a muchos charcos, y en los pocos que quedan abiertos los socorristas brillan por su ausencia, así como las banderas informativas y material de seguridad. Este dilema queda en manos de los ayuntamientos, que por falta de apoyo de la Dirección General de Costas, sus acciones se limitan a colocar un cartel que comunica la prohibición del acceso.

San Juan de la Rambla, La Guancha y Garachico son tres municipios en cuyo litoral abundan los charcos más conocidos del Norte de la Isla. En los dos primeros, casi toda la costa está constituida por acantilados interrumpidos por pequeños charcos. Cabe añadir que la jurisdicción de la Asociación de Pescadores del Gran Poder de Dios recorre los dos municipios hasta la playa de Santo Domingo, por lo que se esclarece que, además es una zona rica en bancos de peces. Incluso muchos vecinos en La Rambla recurren a los charcos en el barrio para coger lapas para autoconsumo.

Los charcos de La Rambla también es una zona de baño muy transitada en verano, a pesar de la advertencia en la entrada por riesgo de desprendimientos. Algunos vecinos aseguran que son conscientes del peligro que supone acceder a estos, pero que “seguimos yendo porque queremos disfrutar de nuestra costa”.

El concejal de Litoral del Ayuntamiento de San Juan de la Rambla, Cayetano Silva, advierte de la necesidad de habilitar los charcos, no sólo en La Rambla, sino también en el Cantito, en el barrio de Las Aguas. Por otra parte, se encuentran en fase de estudio la playa de Los Roques, la playa de Las Aguas, así como la piscina artificial que desde hace años no está en funcionamiento. En el charco de La Laja sólo falta adoptar medidas de seguridad en cuanto a primero auxilios. De cualquier forma, la costa del municipio es un diamante en bruto que se debe pulir y luego lucir. La manera más factible que considera el edil para dar a conocer los charcos es ofreciendo un “paquete turístico alternativo con senderos, y otros servicios” como puede ser la gastronomía.

La Guancha y Garachico

En el pueblo vecino, la concejal de Obras, Aracely Socas, resalta el charco de El Viento. Es un lugar que visitó César Manrique y del que dijo que solo se debía acondicionar el acceso, mimetizándolo con el entorno, ya que “el mar del Norte es así, se lleva todo lo que le añadas”, aclaró Socas. Ahora, el charco de El Viento es una referencia a seguir por otros municipios, pero siempre teniendo en cuenta que cada charco tiene sus características, su propia marea y naturaleza.

No muy lejos de allí, está la playa de Santo Domingo, cerrada por desprendimientos. Este barrio pesquero se muestra indignado, pero “Costas se lava las manos” al prohibir la entrada, dice la concejal. La única solución que ha vislumbrado el grupo de Gobierno ha sido encargar a alguna empresa especializada en trabajos verticales el acondicionamiento del talud.

En Garachico, fue a causa de la erupción de 1706 que se perdieron muchas cosas, como el puerto principal de la Isla en esos momentos. Pero la lava creó un paisaje que no pasa desapercibido. Los charcos del Caletón conforman un atractivo turístico que se compagina con su conservado patrimonio arquitectónico.

El reciente alcalde, José Heriberto González, cree que “hay que potenciarlos pero de manera controlada” ya que “para que sea rentable no se necesitan millones de turistas”.

Garachico es como un hotel resort, asegura, porque el Ayuntamiento, en colaboración con los dos hoteles rurales, ofrece servicios similares. Por ejemplo, en lugar de una piscina, están los charcos, que “dan calidad de vida”.