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Por Alfonso González Jerez >

Cristiano

   

Una tradición más lírica que metereológica achaca a los parques un reconfortante frescor durante el estío. Mentira. En los parques hace todavía más calor, salvo si te pones debajo de un árbol de ramas tupidas y procuras no moverte en absoluto, aguantando el asalto criminal de moscas y mosquitos. Las niñas juegan y yo, cada vez más anacrónico, me pongo a leer el periódico, un periódico de papel, y entonces se acerca un caballero con una sonrisa estereotipadamente bondadosa, un caballero de pelo y bigote inmaculadamente blanco, un sexagenario que parece recién salido de un capítulo de Autopista hacia el cielo, donde un ángel, Michael Landon, hacía milagros hasta que se le detectó un tumor de páncreas. El bondadoso anciano se acerca, me da los buenos días y me extiende una estampita policromada de la Virgen de Candelaria. Treinta y cinco grados a la sombra.

-Es gratis, señor. Una imagen de Nuestra Señora y unas oraciones…

- Aaah…Bueno, muchas gracias…

- Es gratis…

- Bueno, bien…Gracias de verdad…

- Todos somos devotos de la Virgen, ¿no?

- Yo…Pues mire…Eeeh…Yo no…

- ¿No?

- Pues no, yo…La verdad es que no.

- Ah. Bueno, pero como católicos que somos, la Virgen siempre es un referente, y si usted lee la…

- No, perdone, no pretendo molestarlo… Le agradezco… Mire, no soy católico…

- ¿No? Bueno, pero será cristiano…

- No. Tampoco. No soy miembro de ninguna Iglesia cristiana…

- Pero aunque no asista a ninguna Iglesia…¿Usted será cristiano, no?

De repente, el aire parece haberse detenido. No sopla nada de viento. Los pájaros han interrumpido sus monótonos gorjeos. Nada se mueve por los alrededores. El anciano espera con las cejas enarcadas y empieza a cerrar los puños. Lo miro con cuidado, como temiendo arañarlo con la vista.

- No.

- Qué vergüenza. Qué vergüenza. Siga usted así, siga así, siga riéndose de Cristo y Nuestra Señora, siga viviendo en pecado, siga escupiendo a Jesús, riéndose de Dios.
Pedazo de cabrón…

El viejo huye del parque. Miro la estampita. “Ama a tu prójimo como a ti mismo”, dice. Por supuesto, si el prójimo es cristiano. El calor de la fe.