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Manuel Iglesias >

Curbelo, un caso con difícil salida

   

El conocido como caso Curbelo ha venido pasando por diversas etapas, la última de las cuales es la decisión del político gomero de denunciar a los policías por detención ilegal, lo cual, en opinión de sus abogados, podría sustentarse en base a los videos que se grabaron en el lugar de los hechos.

El asunto ha nacido mal desde el primer momento y difícil será que se restaure hasta ponerse bien, entre otras cosas porque hay unos efectos, como es la dimisión de senador, que son ya irreversibles, aunque en otro ámbito, el del Cabildo Insular, el sustento de las solicitudes de dimisión puede cambiar o no según se conozca lo sucedido con más detalles y de forma que Curbelo espera que lo beneficie.

Además de las responsabilidades sociales y políticas que le pudieran corresponder, es evidente que las circunstancias políticas generales han perjudicado al político gomero. Desde el primer momento en que apareció la socialista Elena Valenciano condenándolo sin paliativos, era de prever que Curbelo sería sacrificado por el PSOE nacional. Y no porque la opinión de Valenciano, por sí misma, tenga un peso específico mayor o menor, sino porque es la directora del comité electoral de Alfredo Pérez Rubalcaba y era difícil pensar que una salida tan dura como tuvo no había sido comentada con el hasta hace poco vicepresidente y ahora candidato, del cual es prácticamente portavoz.

Rubalcaba no quiere nada que le complique las entrevistas en los medios de comunicación, ni temas que le obliguen a dar enrevesadas explicaciones, así que se aplicó desde el primer momento la solución de que, muerto Curbelo, se acabó la rabia. Y fueron a por su muerte política y cuanto antes, mejor. Que seguramente en opinión de muchos en la calle se la merecía, pero que en este caso se adobaba en el partido con un “impulso superior”.

Era difícil además que el PSOE oficial saliera a sostenerlo, porque hay un hecho que pesa mucho, que es el atestado policial, cuyo contenido es muy perjudicial tanto para Casimiro Curbelo como para su hijo. Un partido como el PSOE, que está en el Gobierno, que maneja el Ministerio del Interior -el de Rubalcaba hasta hace muy poco, por cierto- y que dirige la seguridad, por coherencia no pone en duda oficialmente un informe de unos policías y menos en un caso tan políticamente incorrecto como se presenta, con supuestos de bares de alterne, peleas y, dicen, descalificaciones racistas.

Como en las tragedias griegas, todos los dioses se conjuraban contra Casimiro Curbelo y ha sido, no sólo víctima de sus propios actos (porque, evidentemente, algo ocurrió) sino de una poderosa corriente adversa. De momento gana tiempo y es de suponer que habrá sopesado bien sus actos, porque pueden ser su último cartucho. Si la Justicia falla a su favor en sus denuncias, tendrá argumentos poderosos para la defensa y el ataque. Pero ¿y si no lo respalda? ¿No pasa nada entonces?