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Por Alfonso González Jerez >

Cursos

   

Un escritor (canario) explicaba en su día que las universidades de verano suponían una ocasión para reencontrarse con viejos amigos y emborracharse juntos. Las universidades de verano sobreviven todavía, pero dudo que les quede demasiado recorrido histórico. Son un producto cultural singularmente oneroso y han estado más vinculadas a una ornamental promoción política que insertadas en estrategias culturales coherentes y productivas por parte de las administraciones públicas. Tomemos por ejemplo la conocida como Aula de Verano de La Gomera. Durante un mes se concentran una docena de cursos y seminarios, generalmente prologados por la conferencia inaugural de un preboste del PSOE, en esta edición, el presidente del Senado, el señor Rojo, que se fotografiará efusivamente con Casimiro Curbelo en otra estampa para la inmortalidad del presidente del Cabildo, aunque el curbelismo tenga tantos puntos de contacto con el socialismo como el almogrote con el paté. Durante el resto del año en La Gomera no se desarrolla otra política cultural que los juegos de petanca, algunas proyecciones cinematográficas y los bailes gerontocráticos en los estremecedores lugares destinados al efecto.

Todos los años, sin embargo, el Aula de Cultura de La Gomera ofrece alguna sorpresa chanante. Es una marca de fábrica de la casa. Ahora toca un curso titulado Educación emocional, conciencia y despertar: un reto para el siglo XIX, y que ofrece “distintas herramientas que favorezcan el bienestar integral que todos anhelamos”. Inicialmente parece un curso un tanto subversivo, porque nadie ignora que en La Gomera Casimiro Curbelo es el encargado de universalizar el bienestar integral que anhelan todos los gomeros, pero cabe suponer que la convocatoria se dirige, principalmente, a los ciudadanos foráneos que no disfrutan de la leche y la miel que distribuye con un perfecto mecanismo clientelar el Cabildo Insular. La clave, según los organizadores del seminario, consiste en poner en orden “todos los niveles de nuestro ser existencial condicionado, al mismo tiempo que abrimos las puertas al ser incondicionado que también somos”. Tienen muchos ejemplos a mano: desde Ángel Luis Castilla, ser existencial incondicionadamente apoltronado donde los halla, a los compañeros socialistas de Valle Gran Rey, cuya capacidad de ordenación existencial está probada. Imparten el curso un profesor de la Facultad de Veterinaria de Las Palmas y un maestro budista zen: la alianza teórica entre ciencias veterinarias y budismo no es la menor aportación a la cultura occidental de La Gomera desde el siglo XVI.