X
Por Juan Henríquez >

Dimisiones sacrificadas

   

A mí me tocó la revolución de una transición que luchó por implantar la libertad y la democracia en sustitución de los cuarenta años de la dictadura franquista; que aunque parece que fue ayer, han pasado 35 años. Pues tengo que decir, por mucho que los políticos con plaza fija, o profesionales, intenten hacerme ver lo blanco oscuro, que aquellos obstáculos que nos obligaron al consenso (poderes fácticos: instituciones franquistas, ejército, iglesia y medios de comunicación social), hoy, por fortuna, han desaparecido como tales, y por consiguiente, ha llegado el momento de revisar los mimbres que sustentan el sistema democrático. No hablo de sustituir, en todo caso de reformar (Constitución, Estado de las Autonomías, Senado, Ley Electoral, etc.) para, precisamente, acceder a una Democracia Real.

El problema es que por lo visto los únicos que no captan, o aceptan, la necesidad de estos cambios, son los políticos que han generado en su entorno una especie de telaraña desde donde organizan las tramas o estrategias de nombramientos y sustituciones. Pero hay algo todavía más grave en el caciquismo de la política, son provocadores natos de la inteligencia humana. Quiero decir que no se cortan ni un pelo a la hora de mentir a los ciudadanos, y quedarse tan campantes. Hay dos casos muy recientes que me valen como ejemplo. Uno, bastante cercano, es el de Casimiro Curbelo, y el otro, el de Francisco Camps, de formaciones políticas distintas, para que nadie rezongue.

No estamos hablando de los motivos, que es evidente que no es lo mismo prevaricación impropia, que escándalo público contra la autoridad. Sin embargo, y hete aquí la tomadura de pelo, es que ambos sujetos se declaran inocentes, pero se sacrifican para no dañar al partido, y en el caso del valenciano, para no perjudicar la imagen del líder, Mariano Rajoy. Pero es que además, desde ambas fuerzas políticas, se agradece públicamente el gesto y el sacrificio de éstos malversadores de la libertad y la democracia, otorgándoles el respaldo político, que nada tiene que ver con la presunción de inocencia a la que tienen derecho hasta que una sentencia dicte su culpabilidad. Pero amigo, le recomiendo antes de juzgar, me refiero a mi reflexión, que se lean la crónica de Ángeles Riobo, aquí en el DIARIO DE AVISOS, el domingo pasado, comentando lo que el Catedrático de Filosofía Moral de la ULL, Gabriel Bello, piensa sobre la ética y moral de los políticos, tanto en el ámbito privado, cómo público. Siguiendo la teoría del catedrático lagunero, ambos políticos, Curbelo y Camps, están condenados al margen de la sentencia. Uno por mentiroso, y el otro por jarana pública.

Pero es que estos servidores públicos de los que hablamos, al margen de mentir y reírse de los ciudadanos, caso del gomero, intenta tomarnos el pelo como sí fuéramos gilipollas. Parece ser, que el delito o espectáculo público en el que se ha visto envuelto tiene que ver con su cargo de senador, pero ninguna relación con la presidencia del Cabildo de La Gomera. Mí abuela diría: ¡listo que salió el jodío!

juanguanche@telefonica.net