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ME PAGAN POR ESTO > POR ALFONSO GONZÁLEZ JEREZ

Discurso del XXX Aniversario de la proclamación de la República Independiente de Canarias

   

Querido secretario general, queridos amigos y compañeros del Consejo Estatal, compatriotas todos:

Celebramos hoy, 1 de julio, el trigésimo aniversario de la gloriosa Declaración de Independencia de nuestra Patria Canaria (gritos de ¡Viva Canarias Libre!). En esta efeméride emocionante, quisiera felicitar a todos y cada uno de los canarios que, hace ya tres décadas, supieron alzarse, como se alzaron nuestros antepasados guanches, para reclamar lo que era suyo y solo suyo desde el principio de los tiempos: su tierra y su cielo, su vida y su libertad, su futuro, pero también su pasado, durante tanto tiempo aherrojado por una política colonialista que perseguía, como uno de sus objetivos fundamentales, la narcotización del pueblo de las ocho islas. Con el formidable estallido del volcán de la libertad hace treinta años el pueblo despertó, supo despertarse, y comenzó esta larga y fructífera vigilia histórica con la que hemos recuperado nuestra dignidad como isleños indomables. Felicito, también, a todos los canarios que en nuestras ciudades y pueblos se afanan, día a día, por reforzar los cimientos de la patria común e imperecedera. Felicito, muy especialmente, a nuestras Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, y particularmente, a la Unipol Canaria y a nuestros servicios de información, que nos permiten celebrar este fraternal guatatiboa a salvo de los múltiples y mezquinos, aunque siempre fracasados enemigos de la patria (¡Viva la Unipol! ¡Viva Canarias Libre!). Gracias, general Santiago Pérez, por su entrega, su dedicación y su entereza.

Y me dirijo ahora a todos, pero especialmente a los más jóvenes, para advertirles que la libertad de la que disfrutamos hoy no es un fruto de la casualidad histórica. Los más veteranos ya lo sabemos: la libertad que hoy disfruta Canarias fue forjada durante siglos y rescatada hace treinta años por la lucidez, el valor y el sacrificio de miles de compatriotas. Porque si bien es cierto que cada canario, durante 500 años, sintió el malestar de la patria mancillada, aunque el secuestro ideológico y cultural de todo un pueblo enmascarara la evidencia, fue hace treinta años cuando alcanzamos la llave para abrir lo que hasta entonces era, simplemente, un sueño. Como ha dejado claro el profesor Hilario Rodríguez en un texto fundamental (Siempre lo supimos y nunca nos enteramos: historia de una narcolepsia inducida) todo canario era independentista, aunque lo ignoraba, como todo pájaro canta, y no sabe lo que está cantando. Recordemos los acontecimientos excepcionales de finales de los años setenta: aguda crisis económica, servicios sociales casi inexistentes, continuas huelgas en la mayor parte de los sectores económicos, centralismo político cargado de resabios franquistas, acreditados secuaces de la dictadura incrustados en los órganos de represión del Estado español. Yo era entonces un joven quintacolumnista que, en Madrid, en el mismo corazón del monstruo, intentaba trabajar cada día por la liberación de la patria, y como saben, no estaba solo. Fue en ese desesperanzador escenario cuando se produjo el triunfal golpe de Estado de febrero de 1981, que al principio pareció un episodio de zarzuela, pero que en pocas horas demostró ser una conspiración con sólidos apoyos políticos y militares. Sin duda resultó lamentable el desmoronamiento de la débil democracia española, pero constituyó, al mismo tiempo, el detonante para la libertad de pueblos secularmente pisoteados por un Estado patológicamente centralista, condenado a ser incapaz de construir una alternativa democrática a su fracaso histórico, y así comenzaron las rebeliones de las masas enardecidas en el País Vasco, Cataluña y Canarias (¡Vizca Catalunya! ¡Viva Pedrito! ¡Arriba Abades!). Personalmente recuerdo, con honda emoción, como logré escapar del Congreso de los Diputados y de Madrid, para incorporarme a la lucha en la patria. Y colectivamente, una vez más la geografía vino a nuestro auxilio y las limitaciones militares de las Fuerzas Armadas españolas, en una situación crítica en dos países densamente poblados, contribuyeron a que nuestra patria pudiera definitivamente sacudirse el yugo colonial y proclamarse, el 1 de julio de 1981, una república independiente de hombres y mujeres libres e iguales.

Desde entonces, todos los sabemos, las cosas no han sido fáciles. No recordaré aquí como se consiguió rendir el acuartelamiento de la Legión española en Fuerteventura, una página gloriosa de nuestra revolución popular. Los legionarios resistieron durante tres meses, sacrificando incluso la cabra que todos amaban, y no hablo solo en sentido figurado, hasta que al compañero José Carlos Mauricio se le ocurrió trasladar al lugar al compatriota Chago Melián, y tras dos días interpretando el Ave María, los legionarios aceptaron la rendición incondicional. Si lo menciono no es por reverdecer viejas glorias, sino para subrayar el papel de los intelectuales y artistas enrolados con el pueblo en la labor de romper las cadenas metropolitanas, y ahí está otro ejemplo, la rendición del acuartelamiento de Los Rodeos gracias a la valiente intervención de Lolo el de los Chistes Gomeros: una semana contando chistes y los soldados españoles no solo entregaron las armas: muchos se unieron a nuestra causa con la única condición de no verse obligados a pisar La Gomera jamás.

Una representación de un guanche. | DA

Hemos superado desviaciones y traiciones, insidias y oportunistas. Obviamente debimos cerrar los medios de comunicación proespañolistas, pero el pueblo canario puede estar perfectamente informado sin leer El Día o Diario de Avisos o sin escuchar a la SER, la Cope o Radio Nacional de España. Y no nos tembló el pulso, compañeros, compatriotas, cuando nos vimos obligados a separar el polvo de la paja, y detener y deportar a los falsos profetas de un falso patriotismo, y les quedan largos y amargos y sobre todo merecidos años en el exilio a individuos que para todo canario bien nacido son sinónimo de ignominia. Porque los canarios saben perfectamente que en la patria libre, soberana y limpia no caben seudointelectuales como Domingo Garí o Pablo Ródenas, por no hablar del excompañero Antonio Cubillo (¡Buuuuu! ¡Fuera, fuera, fuera!), sí, Antonio Cubillo, que en un juicio ejemplar, un juicio abierto y pleno de garantías procesales, un juicio cuyo tribunal estuvo brillantemente presidido por un jurista como el compañero Alfonso Soriano, quedó claro que Cubillo era un agente triple que trabajaba para el Gobierno de Canarias, para el Gobierno español y para una escuela de bailarines de claqué abierta en Suiza y sufragada por el coronel Gaddafi. En otros casos, como el del compañero Juan Manuel García Ramos, bastó su internamiento en el ejemplar campo de reeducación que ha funcionado espléndidamente en el islote de Lobos, porque este pueblo es generoso y le basta la palabra del profesor de la Universidad de Aguere de que jamás escribirá una línea sobre nacionalismo en Canarias ni volvería a meterse en política.

Nuestros críticos, internos y externos, insisten en denunciar las lógicas dificultades económicas que atraviesa un pueblo que acaba de conquistar su soberanía (desde un punto de vista histórico, ¿qué representan apenas treinta años?) como prueba infamante del fracaso de la República Independiente de Canarias (¡canallas! ¡mentirosos! ¡machangos! ¡abajo el colonialismo español!). Tranquilos, compañeros, compatriotas. Se empuercan en la mentira por pura rabia. Y hay que responderles con la verdad. ¿Qué la renta per cápita ha bajado a niveles de 1975? Preferimos la libertad. ¿Qué el turismo ya solo representa el 10% del PIB? Preferimos la dignidad. ¿Qué Canarias ha visto reducida su población a 600.000 personas? Preferimos que se queden los mejores. ¿Qué apenas exportamos nada y nuestras importaciones han caído brutalmente, salvo en el capítulo de productos alimenticios? ¿Y qué? Nuestros jóvenes han descubierto que con un buen tamarco no es necesario comprar vaqueros de marca. Pero el incipiente malestar que se detecta en nuestra juventud, una juventud que no vivió nuestra gesta revolucionaria y no sabe valorar nuestras conquistas, puede significar un peligro potencial, y a mayor peligro, no lo ignoramos, mayor vigilancia, lo que nos ha llevado a la ilegalización de Coalición Canaria, por su creciente actitud hostil hacia el Gobierno de la RIC. ¿O íbamos a permitir que José Miguel Ruano continuase blandiendo su despectiva sonrisa de cera en el Parlamento, que Manuel Hermoso criticase nuestra política odontológica por las esquinas, que Paulino Rivero prosiguiera armando escándalos públicos, con una intención evidentemente subversiva, lanzándose a correr con pantalones cortos por las calles de El Sauzal a las cinco de la mañana? (¡No, no, no, noooooo!). Claro que no, compañeros. La República de Canarias sabe ser generosa, pero también proclamo, sin temor ni ambigüedades, que la República de Canarias saber ser implacable.

Nos espera un futuro esplendoroso, compañeros, compatriotas, canarios y canarias todos y todas. El futuro que solo puede caminarse en libertad y en el cumplimiento estricto de nuestra Carta Magna, refrendada en las urnas hace apenas tres años por una aplastante, yo diría que entusiástica mayoría. Al cabo de treinta años, y en circunstancias singularmente adversas, la República Independiente de Canarias ya es una realidad viva, insustituible, pujante. ¡Viva la libertad! ¡Viva Canarias! ¡Viva la República Independiente de Canarias! (Vivas y aplausos).
(Discurso con motivo del XXX Aniversario de la Proclamación de la República Independiente de Canarias, a cargo del Excelentísimo Señor Presidente de la República, Don José Miguel Bravo de Laguna, que fue presentado por el secretario general del Movimiento Patriótico Canario Auténtico, don Octavio Hernández).