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Duggi, el barrio que mantiene vivo el recuerdo de su fundador

   
El barrio de Dugg

El barrio de Duggi tiene una población que asciende a más de 5.000 personas. En total tiene una extensión de 0,17 kilómetros cuadrados. / FRAN PALLERO

JESSICA MORENO | SANTA CRUZ DE TENERIFE

Hace ya muchos años que las calles sin asfaltar, las fincas y los comercios y empresas familiares dejaron de ser las características que marcaban el barrio del Duggi, en el centro de la capital tinerfeña. El ruido de los coches y los altos edificios han sustituido por completo la fisionomía de los inicios de esta tradicional zona de la ciudad. Pese a los cambios físicos aún Duggi sigue conservando esa esencia tradicional, la relación entre los vecinos y la colaboración, como aseguran muchos de los colectivos de este enclave.

El barrio de Duggi se extiende desde la avenida de las Asuncionistas hasta la Salle, y desde la Rambla de Pulido hasta el Barranco de Santos. Entre sus espacios más característicos que que centran parte de la vida de la zona se encuentran la plaza Militar, el pabellón Ana Bautista, la parroquia de María Auxiliadora, el Colegio San Fernando y la plaza de Duggi. Además, en los últimos años se incorporó otro espacio público, el centro ciudadano, que ha contribuido a dar unidad y dinamizar la zona, puesto que se realizan diferentes actividades para los vecinos.

En esta zona se dan cita, cada vez más, distintos colectivos como es la asociación de vecinos El Monturrio, la murga adulta Los Que Son Son, la parroquia de María Auxiliadora o el club de Fútbol que lleva el nombre del barrio, entre otros, que poco a poco intentan dinamizar y colaborar en la mejora de su casa. De hecho, en los últimos tiempos se ha apreciado que tanto jóvenes como mayores participan cada vez más en las acciones del barrio. Asimismo, varios colectivos de inmigrantes residentes en la zona también trabajan en ello, con festivales o celebraciones de todo tipo, que fomentan no solo la participación sino también la integración.

La historia de este espacio de la ciudad se remonta a finales del siglo XIX de manos de Luis J. Duggi, a quien debe el barrio su nombre. “Era un hombre muy cívico, muy sociable, enamorado de Santa Cruz que incluso llegó a ser teniente de alcalde”, explica el pintor Nicolás Rodríguez. Asimismo añade que en un principio era el dueño de la mayoría de las fincas de la zona, donde trabajaban los primeros vecinos. “El señor Duggi se entregó tanto que incluso se arruinó, entonces volvió a Cuba, logró rehacer su fortuna y entonces regresó a la Isla y entregó parte de las tierras del barrio para que se pudieran hacer casas, de ahí se fue conformando la expansión de la ciudad hacia arriba”, apunta.

La mayoría de los vecinos que viven en este barrio, como indica Rodríguez, eran de clase trabajadora, que residían en ciudadelas, puesto que en la zona se ubicaron muchas fábricas y muchos comercios tradicionales como zapateros, peluqueros, ventas o carpinterías, entre otras, al igual que varias fábricas importantes. “Esta faceta ha cambiado mucho, de estos oficios tradicionales casi ya no quedan, ahora es más una zona residencial y el tipo de negocio que predomina es más de restauración, tiendas de ordenadores o despachos de abogados”, afirma.

Una de sus características es el alto número de personalidades de los deportes o de las artes que han nacido o vivido en las calles de Duggi. Así, entre los deportistas estaban Arocha, Manolo Medina o Jesús Torres. “También han vivido varios pintores como Freddy Smull, Borges Salas o yo y algunos escritores como Roberto Cabrera, Zenaido Hernández o Chela”, matiza.

Nicolás Rodríguez, que ha investigado bastante sobre la historia y el desarrollo del barrio que le ha visto crecer, destaca que en todos estos años los cambios han sido muchos. En cuanto a los elementos que lo diferencian del resto de zonas de la capital, asegura, sin dudar, que “ha sido un barrio muy unido, la gente se ha desplegado no solo para colaborar con sus vecinos, sino que también han sido muy solidarios cuando se ha necesitado”.

Juan Fumero-Duggi

Juan Fumero es uno de los vecinos ‘de toda la vida’ de la zona de Duggi. / FP

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La memoria del barrio

A punto de cumplir los 80 años, Juan Fumero ha pasado toda su vida en el barrio de Duggi, en la capital tinerfeña. “Quizás sea el único o de los pocos vecinos más viejos que ha pasado su vida en esta zona, porque nací aquí y sigo viviendo en el barrio”, explica. En concreto, este residente nació en una casa en la calle Iriarte esquina con Serrano y ha dedicado gran parte de su vida a regentar un negocio familiar en la zona.

“Mi padre fundó un comercio de alimentación en el año 1927 y yo lo recogí en el año 1946, le dediqué más de 50 años al negocio”, asegura. Entre los detalles que recuerda don Juan de sus años en la tienda hace alusión a cuando la Junta de Abastos iba repartiendo diariamente los kilos de grano, entre otras anécdotas. No solo Juan ha estado involucrado en el barrio y preocupado por su mejora sino también otros miembros de su familia. Es el caso de su hermana Angelita, que según destaca ha colaborado desde hace muchos años con la parroquia de María Auxiliadora que hay en Duggi. “Media iglesia ha sido hecha gracias al trabajo de Angelita, puesto que hacía varios actos para recaudar fondos como es el caso de la tómbola”, indica su hermano.

En cuanto a los cambios del barrio a lo largo de estos años, Juan Fumero señala que hubo una época muy buena entre los años 1955 y 1970 “porque muchas personas se fueron a emigrar a Venezuela, y las remesas que enviaban se invertían en viviendas en el barrio”. Asimismo, sostiene que en la actualidad la mayoría de los vecinos que estuvieron toda su vida en el barrio o han fallecido o se han trasladado a otras zonas. “Antes habían muchas ciudadelas en el barrio y a muchas familias se les fueron asignando otras viviendas y se iban yendo”, asevera. Así, recuerda como entre las calles Porlier y Serrano había una ciudadela en la que “vivían en torno a 40 y 100 personas”. “Las cosas han cambiado mucho, antes como casi no había tránsito de vehículos por las calles, la gente sacaba las sillas por la tarde a la calle y se comunicaban más entre ellos”, matiza.

Pese a estar contento con su vida en el barrio de Duggi, Juan Fumero asegura que le hubiera gustado vivir en una zona rural, con un “terrenito donde plantar mis verduras y dedicarme a eso”. Aún así, no solo con su labor en la tienda de alimentación familiar, sino una vez cerrado el comercio este vecino se ha interesado tanto por conocer mejor la historia de su barrio como por intentar mejorarlo día a día. Desde hace ya muchos años, don Juan se ha recorrido varias bibliotecas y archivos con el fin de indagar más sobre el fundador y a quien debe su nombre, Luis J. Duggi. De hecho, conserva una copia de la esquela publicada el día de su muerte. Pero no solo la historia de este enclave tinerfeña está presente entre sus inquietudes, sino también su actualidad, puesto que ya son muchos los escritos presentados en diferentes administraciones con el fin de buscar una mejor limpieza y estado del que es su casa, el barrio de Duggi.
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