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TIEMPO AL TIEMPO > POR JUAN JULIO FERNÁNDEZ

El Candidato

   

Al final el químico se enfundó la bata blanca, se metió en el laboratorio y forzó la reacción en el ensayo, que tenía visos de precipitar en un Aldedo Pepunto poco sólido y bastante engañoso, para conseguir que el precipitado se decantara en Rubalcaba. Y así, se anunció el término del experimento con redobles de tambor y se le puso esta etiqueta al nuevo producto, listo para competir en el mercado.
Desde las filas socialistas se insiste en que han optado por el mejor candidato, con una aceptación tan unánime que valía la pena sustituir las primarias -que hubieran dividido y fragmentado al partido, según explicaciones de Carmen Chacón que nadie le había pedido- por una proclamación, que es algo más que una aclamación. Y dan por sentado que han hecho lo que tenían que hacer, todo acorde con una particular tautología que les permite asegurar que está bien lo que ellos dicen que está bien y punto pelota. Incluso el relevo generacional, en esta ocasión con freno y marcha atrás, para optar por alguien no más joven y renovador, sino más viejo y conservador, al menos del sillón de fontanero del partido desde que lo ocupó por primera vez en 1992, al sentarse en el del ministerio de Educación.

Y desde aquel entonces ha ido ocupando los de los ministerios de la Presidencia y de Relaciones con las Cortes; el de portavoz parlamentario; el del ministerio del Interior, hasta, como buen malabarista, sentarse a la vez, en el de este ministerio, en el de la Vicepresidencia del Gobierno, en el de portavoz en el Parlamento y, últimamente, en el del candidato para sustituir a Zapatero. Ha sido la última etapa un alarde del más difícil todavía, la de vicetodo, previa a la renuncia de todos sus cargos para concentrarse en la preparación de las elecciones generales, sobre las que se especula si serán en otoño o en primavera.

Puede que con la marcada tendencia a un cambio de ciclo, el candidato Rubalcaba tenga más probabilidades de afianzar su liderazgo en el partido que de alcanzar el sillón de La Moncloa.

Con todo, no ahorrará esfuerzos para recortar la ventaja que le lleva el Partido Popular, al que ya se refirió no como a enemigo sino como adversario, lo contrario del zapaterismo que alardeó de lo opuesto en un reiterativo discurso.

A Rubalcaba hay que reconocerle habilidad e inteligencia, aunque esta última, a veces, derive en listeza, que es cosa bien distinta y puede servirle para vencer, pero no para convencer. Y puede que para esta nueva andadura el candidato esté obligado a lo segundo para aspirar a lo primero, si bien, en cualquier caso, le servirá para controlar el partido, superando el complejo de no haber ganado ninguna batalla orgánica interna de las muchas en las que participó.

Ahora, la extrema debilidad de su antecesor le está permitiendo una capacidad de maniobra para la que no cabe negarle aptitudes y, así, conforme al guión pactado con los barones después de que Patxi López amenazara con la celebración de un congreso extraordinario que hubiera provocado la dimisión de un amortizado ZP, consiguió la retirada de Carmen Chacón de las primarias y ha dibujado el programa sucesorio, con su segundo y alter ego en la lucha antiterrorista, Antonio Camacho, sucediéndole en Interior y consintiendo, al menos, en que José Blanco sea quien le sustituya como portavoz parlamentario.

Una mínima remodelación que apunta más a acortamiento que a prolongación de mandato presidencial, ya que la indudable bicefalia -ZP en el Gobierno y R diseñando la campaña- no es el mejor escenario para marcar diferencias sin producir desgarros y todo en una coyuntura económica que, lejos de apuntar a recuperación, anuncia más hundimientos.

En estas circunstancias, no son pocos los analistas que entienden que será a Rubalcaba a quien más le convengan unas elecciones anticipadas que se celebrarían en otoño, antes de que el final de la estación veraniega incremente las cifras de paro, si es que la desestabilización de Grecia y Portugal, a la que parece sumarse la de Italia, no enturbie todavía más el paisaje en el que tenga que aplicar esas soluciones que, como bálsamo de Fierabrás, dice tener para crear empleo y remontar la crisis y que no parece que vayan a ser las que le faciliten los banqueros ni los ingresos que obtenga por mayores impuestos: ni los parados ni la gente del común los pueden pagar; los más ricos los van a eludir y a las sociedades para que creen empleo hay que bajárselos.

También va a tener en contra a las hemerotecas y en este escenario no le va a ser fácil sacar conejos de una chistera, además desfondada, aunque cuenta con aparato y equipo.