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LA COLUMNA > MANUEL IGLESIAS

El equilibrio energético infantil

   

Investigadores multidisciplinares de la Universidad Politécnica de Madrid, con el patrocinio de una firma comercial, han editado una guía con el objetivo, dicen, de ayudar a los padres a la hora de inculcarles hábitos de vida saludables a sus hijos. Dicho manual fue presentado en el 60 Congreso de la Asociación Española de Pediatría (AEP), en Valladolid, se basa en La pirámide del estilo de vida saludable para niños y adolescentes y aboga por inculcar desde la infancia el interés por la actividad física, para lograr el equilibrio entre energía ingerida y gastada que “blinde” a los más pequeños ante el sobrepeso y la obesidad.

El asunto tiene sus dobles lecturas, porque como lo patrocina una firma de refrescos muy conocida, el estudio no habla de las sobrecargas de azúcar que reciben los menores cuando consumen esos líquidos en cantidades que conllevan tremendos excesos de calorías ingeridas (con excepción de aquellos con edulcorantes no calóricos) y la solución que proponen no es beberlos menos, sino que luego los gasten los niños haciendo ejercicio. Obvio.

La recomendación de hacer ejercicio no sólo es buena, sino fundamental, pero probablemente mejor sería que los menores no consumieran tantos de esos refrescos, ni bollerías industriales, pero, como el objetivo del fabricante y patrocinador del trabajo no es perder ventas, de eso no se habla, sino del elogio del ejercicio. Es decir, el problema no está en ingerir cinco mil calorías, sino que el niño corra todo el día para que las gaste.
La realidad es que en la sociedad actual es difícil encajar el aumento de la ingesta de calorías que se ha producido en los últimos veinte o treinta años, con el gasto de éstas en la actividad laboral o con el deporte, especialmente en los niños y jóvenes. Se han disminuido actividades antes comunes como el andar, y el trabajo manual penoso afortunadamente se palía con máquinas. Y no es igual comer con agua, cero calórica, como sucedía hace unos decenios (no tantos), como con un refresco con unas setecientas calorías, aproximadamente, en sólo medio litro.

Los expertos suelen definir un patrón de mejor alimentación caracterizado por el alto consumo de dosis diarias de frutas, verduras, cereales integrales y productos lácteos bajos en grasa, etcétera. Además, semanalmente se incluye pescados, aves, frutos secos y legumbres, y un consumo mesurado de carne roja. En los jóvenes no hay que rechazar los refrescos, si se toman con moderación, y en los adultos, se dice que es sano una ingesta en la comida de una copa de vino, con preferencia tinto.

Es verdad que se debe lograr el equilibrio energético entre lo que se consume y lo que se gasta, pero eso funciona en los dos sentidos. No sólo en gastar por los niños, sino también en no consumir en exceso lo que no se necesita. Por ejemplo, los refrescos de la firma que paga el “imparcial” estudio universitario.