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EL ANÁLISIS > POR LEOPOLDO FERNÁNDEZ CABEZA DE VACA

El Gobierno se pone en pie

   

Tengo a Paulino Rivero por persona sensata, pragmática y rigurosa en sus convicciones, pese a que algunas veleidades de sus colaboradores más cercanos o de él mismo, vaya usted a saber, como el reciente y disparatado reparto de emisoras de frecuencia modulada, puedan hacer pensar lo contrario. Vamos, que no le veo en esa conocida postura de Bush padre cuando en cierta ocasión, siendo presidente norteamericano, dijo: “Yo tengo opiniones propias, firmes opiniones, lo que pasa es que no siempre estoy de acuerdo con ellas”. Pero, algo raro le ha ocurrido a Rivero porque no parece lógico pensar que una cabeza bien amueblada como la suya decida colgar las competencias de algunas consejerías de su Gobierno como quien cuelga un esmoquin del palo de un gallinero.

¿Cómo puede ser considerado normal, por ejemplo, que las competencias sobre seguridad vayan a parar a manos del consejero de Economía y Hacienda, Javier González Ortiz? ¿No estarían mejor donde estaban, es decir, en la Consejería de Presidencia, junto a Justicia? Claro que la información y el conocimiento de lo que pasa tienen un precio, un valor, y ese saber de todo y de todos del que presumía Rubalcaba bien puede querer emularlo -por supuesto, mucho más modestamente que el vicepresidente cesante- el nuevo hombre fuerte del Ejecutivo autonómico y durante años mano derecha del exalcalde sauzalero. Aun así, aunque los nacionalistas hayan sido capaces de llevar al huerto de sus intereses a peperos y socialistas para que apoyen a la popularmente conocida como Guanchancha, no me imagino a González Ortiz tirando de los recovecos y desaguaderos de poder con la Policía Autonómica y las emergencias. Pero la cosa está como está.

Tampoco es moco de pavo juntar en una sola consejería los Asuntos Sociales con la Cultura y el Deporte, aunque en este caso tal vez el presidente quiera sumarnos a todos a su práctica entusiástica de la carrerita mañanera para ponernos en forma y ganar en salud, a la vez que nos culturiza y nos ciñe -en la debida proporción, quede claro- a la solidaridad con los asuntos sociales, para que no se nos olvide favorecer a quienes más ayudas precisan por su mayor grado de dependencia y soledad. A ver si la eficaz Inés Rojas es capaz de no caer en la desmoralización con esa mezcolanza. Un par de carreras -eso que los pijos llaman footing o jogging- con el presidente seguro que contribuiría a aclararle las ideas.

La guinda de la Sostenibilidad

Y por cerrar el círculo de los despropósitos, no veo, aunque así consta, al titular de Educación y secretario general socialista agarradito a la sostenibilidad, ese proceso etéreo competencial que le ha caído encima -me dicen que a petición propia- junto con el Medio Ambiente y la Agencia Canaria de Cambio Climático, cuando lo lógico es que se vinculara a Obras Públicas, Transportes y Política Territorial. Claro que ahora se habla de sostenibilidad de todo: de las cuentas públicas, del Gobierno, del desarrollo, etc., mezclando churras con merinas como si tal cosa. Menos mal que la tan cacareada transversalidad, el intercambio de cargos entre CC y PSOE en las consejerías que ostentan una u otra fuerza política, parece que se queda en agua de borrajas tras pasadas experiencias poco edificantes. Lo indudable es que los firmantes del pacto han hecho un inicial y razonable reparto de carteras, pero luego cada cual se ha agarrado, para no soltarlo, a lo que más quería, competencialmente hablando, y de ahí devienen el pastiche y los disparates con que en este orden nace el nuevo Ejecutivo; el presidente Rivero se ha cuidado mucho de no reconocerlo al presentar a su nuevo Gabinete, pero a la vista de todos está.

Resaltado que nos hallamos ante una cuestión ilógica aunque accidental, el nuevo Gobierno no ha sorprendido en su composición, salvo -es quizás una apreciación personal, pero me parece relevante- la ausencia de Milagros Luis y la salida de Jorge Rodríguez. De la primera se dice que puede pasar a una viceconsejería (¿tal vez Seguridad?) y del segundo, que deseaba dejar Economía y regresar a la Universidad, aunque Rivero le habría convencido para que desempeñe las máximas responsabilidades en turismo y esté atento al seguimiento de la reforma del REF en Madrid y Bruselas. En todo caso, el Gobierno, que con Hernández Spínola incorpora a una persona de indudable valía y experiencia contrastada, parece equilibrado y no responde a cuotas insulares o repartos oportunistas que a estas alturas del desempeño autonómico estarían fuera de lugar. Cosa distinta es que las islas periféricas se sientan representadas en los segundos y terceros niveles a la hora de la designación de nuevos cargos; pero pensar en apaños sobrevenidos por razón de origen o por un agárrate a la consejería -la política que reclaman algunos representantes del desnortado CCN- se me antoja un disparate mayúsculo que abriría el melón de las reivindicaciones de cualquier nacionalismo periférico que se sienta insatisfecho.

De momento, ahí están, pendientes de nombramiento, no menos de un centenar largo de altos cargos en las distintas consejerías, si es que no continúan, como parece ante las variaciones introducidas en las cúpulas, sus actuales titulares. Y eso sin contar los organismos y empresas dependientes del Gobierno, donde tampoco se ha querido meter la tijera para cortar tanta inutilidad puesta al servicio de no se sabe qué en estos tiempos de austeridades un tanto olvidadas. Es aquí, me parece, donde el presidente del Gobierno no ha sintonizado, muy a su pesar, con la ciudadanía desencantada. Su discurso estuvo lleno de buenas intenciones, empezando por los diez grandes objetivos que anunció en la investidura. Pero le faltó, más que concreción, que también, alma, sentimiento; lo leyó mecánicamente, sin interés, como quien con desgana cumple una obligación y ya está. La intervención tuvo varios puntos en común con la de 2007, al menos a la hora de citar las grandes líneas y objetivos; sin embargo, careció de la frescura, espontaneidad y credibilidad de hace cuatro años, en que improvisó, sin papeles delante, la práctica totalidad de la intervención y propuso objetivos más concretos y entendibles.

Faltan medidas ejemplarizantes

Además de las iniciativas del discurso, los llamamientos al pacto y al consenso están muy bien, y así lo recogieron desde el PP y NC, que a su vez formularon varias propuestas de interés, con lo que es muy probable que la legislatura se enriquezca a base de aportaciones de todos, si se cumplen las promesas presidenciales. También parece muy aseada la insistencia -así lo hizo constar al jurar su cargo- en su deseo de cercanía a los ciudadanos, en la letanía de la responsabilidad y el compromiso, y en su defensa de lo que llama “punto y seguido” a la hora de entender la acción de Gobierno. De momento, Rivero ha recogido ya para su nuevo Gabinete las adhesiones del empresariado, del mundo sindical y, en general, de los círculos más influyentes de la sociedad canaria, que desean fervientemente que las Islas resuelvan sus numerosos y graves problemas en un clima de serenidad y consenso. Ahí deben concurrir Partido Popular y Nueva Canarias, el primero con mejor espíritu que el mostrado por Soria durante el proceso pre y poselectoral, y la segunda, tras el gesto de su abstención en la investidura, llamada a mejorar su entendimiento con el nacionalismo de CC, sobre todo cara a las elecciones generales.

Insisto en mi impresión de que los ciudadanos esperaban también otras cosas, esos gestos ejemplarizantes a los que me vengo refiriendo sobre fusión de consejerías, desaparición de altos cargos, empresas y organismos inservibles y costosos, recortes de vehículos oficiales, tarjetas de crédito para altos cargos, teléfonos móviles, viajes que pueden suplirse con videoconferencias, etc. Se trata de añadidos al modo de gobernar, otra forma de entender la política en consonancia con el sentir de las clases populares en esta etapa de tanto paro y tan necesaria austeridad. Es el discurso a pie de calle, de cierto populismo cargado de razones de fondo, que además debió incorporar alguna novedad impactante, ideas y retos para el quehacer político o económico de los tiempos que vienen. Estoy pensando en el aprovechamiento de los cultivos de algas en aguas canarias, con aplicaciones inmediatas para alimentación y carburantes. En tareas concretas de, entre otros, el Instituto Astrofísico de Canarias, el Instituto de Productos Naturales y el Consorcio Plataforma Oceánica de Canaria. En la realización de experimentos piloto con vehículos eléctricos en El Hierro y La Gomera, para hacer de ambas un modelo a seguir en otras islas, con apoyo oficial del Gobierno y de la Unión Europea. En el lanzamiento de un proyecto sobre moda hecha en Canarias, a fin de proyectarla, en una etapa inicial, hacia el turismo que nos visita. Implantar de una vez el aprovechamiento experimental de las energías geotérmica y de las olas, acerca de las cuales ya existen proyectos contrastados en diversos países…
Al hilo de estas propuestas hizo bien el diputado nacionalista José Miguel Barragán en citar, en el debate de investidura de Paulino Rivero, el seminario denominado Parlamento y Sociedad, que se celebró hace unos meses en la sede de la cámara legislativa, porque del mismo surgieron unos cuantos proyectos de indudable interés que pusieron sobre la mesa distintos especialistas.

Este tipo de encuentros suelen ser fuente de ideas e iniciativas de muy diversa índole porque la categoría de los intervinientes y su propia experiencia personal así lo propicia, de ahí la conveniencia de una segunda edición con nuevos conferenciantes que diserten sobre las materias de mayor interés para Canarias.

Corporaciones y campesinado

El presidente Rivero debe hacer funcionar con plenitud de poderes la Conferencia de Presidentes de Cabildos Insulares que anunció en 2007 pero que, por la razón que sea, no acaba de ponerse en marcha con todas las de la ley, pese a que las corporaciones insulares siguen sin tener el protagonismo que les corresponde. Lo mismo sucede con el Consejo Municipal de Canarias, que contemplaba el decaído proyecto de reforma del Estatuto de Autonomía, que nacería para relanzar el municipalismo y propiciar un desarrollo equilibrado y sostenible de la economía regional. Ambos organismos deberían reunirse una vez cada seis meses para gestionar los intereses de los ciudadanos en los espacios local e insular.
Me dio la impresión de que el presidente habló muy poco del sector primario, donde Bruselas va a recortar para la PAC no menos de 50.000 millones de euros en ayudas entre 2014 y 2020, lo que inevitablemente ha de afectar a las RUP como ha advertido el eurodiputado López Aguilar, y nada, pero absolutamente nada, sobre el Plan Energético Regional, el Pecan, cuyo incumplimiento flagrante va a llevar a las Islas a una situación límite. Aparte el escándalo de los concursos eólicos, que a su vez ha determinado el retraso de más de un lustro en los planes previstos, se sigue mirando para otro lado a la hora de poner en marcha iniciativas que acaben con la inseguridad jurídica en este como en otros campos de actividad económica. La pura verdad es que sin energía no hay progreso, no hay desarrollo, no hay nada. Seguimos dependiendo, en más del 95%, del petróleo y no acabamos de revisar el Pecan y poner en marcha nuevas iniciativas para enderezar radicalmente el rumbo. Se trata de uno de los tres o cuatro asuntos verdaderamente urgentes y prioritarios, junto con todo lo que contribuya a favorecer la creación de empleo, la reforma educativa de arriba abajo y la del marco jurídico administrativo de la comunidad autónoma. Como afirmaba Anatole France, gobernar bien quiere decir hacer descontentos. Eso es lo que le espera al Ejecutivo de coalición entre CC y PSOE, ya que se va a ver obligado a poner en práctica medidas de ajuste y recorte que resultan inevitables ante la limitación de las capacidades financieras de la comunidad canaria. Sería bueno que los insatisfechos fueran pocos aunque la situación económica es tan grave, y va a continuar más o menos igual durante bastante tiempo, que o se realizan grandes sacrificios o vamos proa al marisco. Y la elección no ofrece duda.