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ANÁLISIS > POR LEOPOLDO FERNÁNDEZ CABEZA DE VACA

El periodismo basura y sus efectos

   

El dominical británico News of the World (NoW) ha muerto por sus excesos. El periodismo basura que ofrecía cada semana desde que lo compró Rupert Murdoch en 1969 ha acabado por devorarlo tras un mar de escándalos en donde se mezclaban el morbo en el tratamiento de los crímenes más horripilantes con la descripción pormenorizada de las desvergüenzas personales más descaradas, los desenfrenos sexuales y las infidelidades de personajes de la farándula, la política, el deporte, la intelectualidad y la alta sociedad, familia real incluida, en un batiburrillo infame por su sensacionalismo y falta de rigor. Aunque muy del gusto de una parte del público inglés, este cóctel periodístico se fundamentaba muchas veces en el pinchazo de teléfonos móviles y en la compra de voluntades -lo que en el Reino Unido es conocido como chequebook journalism- de policías, detectives, escoltas y gente corriente capaz de aportar sabrosos e inéditos informes sobre las intimidades de cualquier figura pública.

Quien protegía este modo de hacer es el principal magnate mundial de la comunicación, el empresario australiano Rupert Murdoch, de 80 años, dueño de periódicos del mismo corte amarillista, como The Sun -que se imprime también en Tenerife y vende en Canarias más de 10.000 ejemplares diarios entre los turistas de habla inglesa-, pero también de otros prestigiosos, como The Times y The Wall Street Journal, considerado la biblia económica de EE.UU., además de The New York Post, la cadena de televisión por satélite BSkyB y la norteamericana Fox News, ideológicamente situada muy a la derecha y de tintes racistas. Murdoch reside en Estados Unidos pero sus medios tienen una gran influencia política en el Reino Unido, donde ha apoyado a conservadores y laboristas, según conveniencias, y venían gozando de los favores de una clase política incapaz de enfrentarse a ellos.

Pero parece que esa influencia llega a su fin una vez que dirigentes de todas las tendencias así lo quieron tras comprobarse fehacientemente que algunos periódicos de Murdoch, pero sobre todo NoW, que vendía un promedio de 2,6 millones de ejemplares cada domingo, han espiado a todo tipo de personas y personajes, incluyendo familiares de soldados muertos en Irak y Afganistán y jóvenes raptadas y asesinadas, pinchado sus teléfonos e incluso manipulado y ocultado pruebas de delitos a la policía, para apuntarse noticias sensacionales, los famosos scoop o informaciones exclusivas. Es la ley de la selva del periodismo irresponsable, que también tiene su natural deriva en la crítica injusta o desmedida, y en la presentación de hechos falsos como si fueran verdaderos, tergiversando la realidad, lo que sucede cuando, como apunta Philippe Boegner, el periodista no aporta en su trabajo independencia política e ideológica y no se comporta con la honradez, competencia y conciencia profesional que le son exigibles.

Han espiado a todo tipo de personas y personajes, incluyendo familiares de soldados muertos en Irak y Afganistán y jóvenes raptadas y asesinadas”

En el Reino Unido no tienen mucho valor, al menos entre la prensa sensacionalista, la ética y las buenas prácticas profesionales. Todo, o casi todo, vale con tal de vender ejemplares. La competencia es a cara de perro entre los periódicos llamados populares, y las exclusivas se pagan a precio de oro. En este ambiente, Scotland Yard ha podido constatar la intervención de 3.870 escuchas ilegales en teléfonos móviles a cargo de personas compradas por el citado periódico dominical, fundado en 1843. Entre las hasta ahora nueve personas detenidas y llamadas a declarar figuran cinco periodistas y el que fuera jefe de prensa del primer ministro Cameron, Andy Coulson. Éste dimitió de su cargo en enero cuando ya se barruntaban las primeras dificultades de NoW, periódico del que fue director en la gran época de los escándalos periodísticos, a partir de 2002. Desde entonces, siete informadores y varios investigadores privados han sido condenados por pinchar teléfonos celulares y divulgar intimidades.

Para este periodismo desmedido aunque independiente -porque no se vende al poder establecido como ocurre en España con algunos medios que pasan por serios-, no existen espacios de discreción ni parcelas reservadas a la intimidad y al honor; todo debe ser transparente, afecte a quien afecte y duela a quien le duela. Y cuantos más cotilleos y confidencias, mejor que mejor. Lo que ocurre debe ser una especie de libro abierto y por tanto puede ser publicado, aunque los métodos utilizados para la obtención de las noticias sean irregulares. Se desarma así, sin el menor rubor, el juego de límites y valores en el que debe desenvolverse el periodismo responsable. Ese que informa, discute, aprueba o contesta, según los casos, y que, al decir de Raymond Barré, debe ser objetivo y fiel a los principios de la libertad y la tolerancia. Desde los presupuestos básicos de una información cada vez más verificada, seria y coherente y mediante una labor crítica desprovista de partidismos oportunistas. No es el caso de una parte de la prensa de Murdoch, como tampoco el de algunos medios escritos españoles, inclinados ideológicamente hacia un sectarismo de derecha o de izquierda o proclives a un nacionalismo desmedido, según el caso, lo que contamina vergonzosamente todos los tratamientos informativos al aplicar benevolencias a los amigos y severidades a aquellos que no son de la misma cuerda.

La falsa ética del todo vale la han denunciado los grandes diarios británicos, encabezados por The Guardian, pero también con The Times al lado, en una cruzada que tiene algunos componentes de venganza aunque esté principalmente dirigida a limpiar la contaminación de los medios escritos por el ejercicio de un periodismo basura que, tras los últimos escándalos divulgados, ha destapado la caja de los truenos con la caída de las acciones del grupo Murdoch en Europa y América, el boicot a los periódicos populares, la anulación de campañas de publicidad, la retirada de anuncios y la divulgación por los diarios de la competencia de críticas tremendas contra ese modo de proceder; un modo que no obstante venía gozando de una impunidad a prueba de bomba. Parece que se ha acabado y la consecuencia más inmediata, para cortar el río de pérdidas económicas y de falta de credibilidad del imperio Murdoch -que reúne algo más del 40% de los periódicos del Reino Unido-, ha sido el cierre del News of the World hace hoy una semana.

La falta de escrúpulos del dominical obligó a su propietario a indemnizar a las principales víctimas de sus escuchas ilegales”

Pero el problema no ha hecho más que empezar y puede convertirse en una auténtica pesadilla para el magnate australiano. A la apresurada llegada del propio Murdoch a Londres para tratar de contener los problemas que se le vienen encima, se unen la apertura de dos procedimientos judiciales en el Reino Unido -en uno de ellos Scotland Yard acusa al grupo periodístico de mentir y obstaculizar la acción de la justicia- y una investigación en el Parlamento para esclarecer el asunto de las grabaciones ilegales, además de otras dos en Estados Unidos, una a cargo del FBI y otra instada por varios congresistas a través del fiscal general, ante la sospecha de que algunos periodistas “pudieran haber intervenido los teléfonos de víctimas de los atentados del 11-S, como hicieron con personajes públicos y gente corriente en el Reino Unido”. Igualmente, Murdoch ha tenido que renunciar, por presiones políticas, a la OPA que, por importe de 8.000 millones de euros, iba a lanzar sobre la totalidad del capital del canal BSkyB, del que ya posee el 39%, en lo que era considerado asunto clave para la expansión televisiva del imperio periodístico acogido en el Reino Unido bajo la empresa denominada News International, News Corporation en EE.UU.

La falta de escrúpulos del dominical obligó a su propietario a indemnizar a las principales víctimas de sus escuchas ilegales; aparte varias sentencias condenatorias, en abril pasado Murdoch creó un fondo de compensación específico de 10.000 libras esterlinas (unos 120.000 euros) para cada caso. Según estimaciones de la BBC, las indemnizaciones deberían rondar la nada desdeñable cifra de 22,6 millones de euros. El propio periódico reconoció sus excesos y pidió disculpas por algo que “no debería haber sucedido” y que “era y sigue siendo inaceptable”. Y tan inaceptable: había espiado al Príncipe Carlos y su esposa; al príncipe Guillermo y su entonces novia, hoy esposa, Kate Middleton; a los premier Brown y Cameron; al exprimer ministro Prescott, al ministro Osborne y al alcalde londinense, Johnson; a los actores Jude Law, Sienna Miller, Hugh Grant y Gwyneth Paltrow; a la modelo Elle MacPherson; a allegados a Lady Di… Murdoch ha querido lavarse las manos al anunciar que creará una comisión de investigación independiente para conocer las prácticas periodísticas seguidas que, faltaría más, afirma que son ajenas a la política diseñada por su empresa. Y para redactar un nuevo protocolo de comportamiento destinado a los periodistas del grupo. También ha anunciado su disposición a colaborar con la policía, la justicia y la Cámara de los Comunes, ante la que, junto a su hijo James, presidente de News International, está citado para el próximo martes. Lo más grave de lo descubierto hasta ahora es que el periódico ya desaparecido tenía en su poder -y había entregado a un bufete de abogados para su investigación- varias grabaciones ilegales que escuchó y borró, en concreto mensajes en el teléfono móvil de Milly Dowler, de 13 años, que luego fue hallada muerta pero de la que se dijo desde el NoW, para mantener en vilo a la opinión pública, que aún vivía cuando no era cierto. Esta información fue grabada en 2007 y no se entregó a la policía, junto con otros correos que probarían varios delitos según la BBC, hasta el 20 de junio pasado. Precisamente Murdoch se ha entrevistado hace un par de días con los padres y una hermana de Milly en un hotel de Londres para pedirles disculpas por lo sucedido, ya que la familia concibió falsas esperanzas sobre la suerte de su hija cuando ésta ya había sido asesinada. En línea con esta actitud, las ediciones de los rotativos ingleses de Murdoch publican este fin de semana páginas de publicidad en las que la empresa pide disculpas públicas a sus lectores y a toda la nación. El propio magnate ha reconocido ayer mismo “errores”, aunque de tipo menor, y “conducta indebida” en parte de sus periódicos, y se ha comprometido a acabar con estas prácticas.

Para que nada falte en el embrollo, han dimitido la mano derecha del otrora propietario de la plataforma MySpace -que compró por 600 millones de euros y vendió hace un par de semanas por 40 millones-, Rebeka Brooks, consejera delegada de News International y exdirectora de NoW en la primera etapa de los escándalos, y Les Hinton, presidente de Dow Jones, empresa editora de la agencia del mismo nombre y del periódico The Wall Street Journal, quien había dirigido varios medios escritos del Reino Unido hoy cuestionados por sus escuchas ilegales y había presidido News International. En su escrito de dimisión trata de justificar su comportamiento profesional de años atrás, alega ignorancia sobre las prácticas ilegales y se disculpa porque “el dolor causado a personas inocentes es inimaginable”. Seguro que vendrán nuevas dimisiones y revelaciones en esta gran tormenta mediática que está sacudiendo los cimientos de un modo de hacer periodístico que -como seguramente también se comprobará con el tiempo- no sólo encarnaba, aunque sí principalmente, el dominical NoW. En su despedida, este diario reconocía que “perdimos el rumbo” y que “no hay justificación para esta horrible conducta”. La guinda de lo que viene aconteciendo la han puesto varios accionistas de la empresa y en su nombre el Amalgamated Bank neoyorquino, en una demanda en la que acusan de silencio, pasividad y laxitud a los 16 miembros del consejo de administración -entre los que figura el expresidentes Aznar- y a Murdoch de “enriquecerse a costa de los accionistas” y de favorecer a su hija Elizabeth. La denuncia considera “inconcebible” que el consejo no supiera nada de las escuchas telefónicas ilegales del NoW, tras la denuncia del Príncipe Guillermo en 2005, y trata a Aznar como consejero ejecutivo y amigo personal de Rupert Murdoch, con el que -afirma- comparte “opiniones políticas conservadoras”. Añade que el expresidente posee 32.000 acciones de News Corporation y que el año pasado cobró 220.000 dólares por los servicios prestados.

Quizás me he extendido sobre el tema, que me parece apasionante y quizás marque un nuevo rumbo para la prensa sensacionalista inglesa, pero también para la española en sus devaneos interesados con el poder y sus aledaños. Modestamente, creo que siempre es bueno mantener las distancias y las independencias entre los promotores y los receptores de la información, así como mejorar las conductas de todos sin otros límites ni obstáculos que los establecidos por las leyes, para prestar el mejor servicio posible a la causa de la libertad y la democracia.