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BODA EN EL PRINCIPADO MONEGASCO >

El ‘sí quiero’ del Príncipe Alberto y la Princesa Charlene de Mónaco

   

El príncipe Alberto II de Mónaco y la princesa Charlene durante su boda. | EFE

MARTA FERNÁNDEZ (E.P.) | Montecarlo

El momento más esperado para todos los monegascos ha llegado, el Príncipe Alberto se ha casado con la ya Princesa Charlene en una boda que, aunque glamourosa, ha quedado a años luz de la protagonizada hace más de 50 años por el Príncipe Rainiero y Grace Kelly.

La novia ha aparecido espectacular por la alfombra que la dirigía hacia el altar. Con un vestido de Armani de corte sirena y escote barco con los hombros al aire, en un blanco impoluto y acompañada por su padre, ha caminado muy tensa hacia el patio del Palacio Grimaldi donde la esperaba Alberto.

El secreto mejor guardado de toda boda se ha desvelado a las cinco en punto de la tarde y, aunque no especialmente espectacular, el vestido sí era muy elegante. Ajustado perfectamente a las formas de la Princesa Charlene y bastante sencillo, el traje quedaba rematado con un precioso velo de tul y una larguísima cola.

La novia sólo ha lucido joyas en el recogido de su pelo, un moño bajo de donde salía a su vez el velo, que tapaba discretamente su cara. La cola, preciosa y muy larga, remataba el vestido corte sirena que su diseñador fetiche, Giorgio Armani, ha creado para la nueva Princesa de Mónaco.

El momento más esperado por todos, el del encuentro entre el Príncipe Alberto y su ya esposa, no ha sido como cabía esperar. A su llegada al altar ni siquiera han cruzado una mirada y aunque Alberto se mostraba más sonriente, Charlene estaba pensativa y con mirada triste hasta que ha empezado la ceremonia y ambos han intercambiado ya alguna confidencia.

Aunque guapísima, la novia no estaba radiante, ya que ha mantenido una actitud muy fría, y eso se ha reflejado en la ceremonia, que ha sido muy poco distendia debido especialmente a que en todo momento ella ha mantenido la cabeza baja y la mirada hacia el suelo. Sólo después de darse el ‘oui’ e intercambiarse los anillos los ya esposos se han hablado y reído juntos.

Por su parte, el Príncipe Alberto, ha escogido para el día más importante de su vida un traje militar de color blanco, el uniforme castrense de verano.

El príncipe Alberto y la princesa Charlene durante la ceremonia. | EFE

La música corre a cargo de la Orquesta Filarmónica y del Coro de la Ópera de Montecarlo, con la participación del tenor peruano Juan Diego Flórez, del italiano Andrea Bocelli, de la soprano estadounidense Renée Fleming y Matshikiza.

El patio de honor se ha convertido de manera excepcional en una iglesia “al aire libre”, con mobiliario de la capilla de Palacio, sillas dispuestas en semicírculo frente a la imponente escalera de mármol de Carrara, y una cubierta desplegada para hacerle a los asistentes más soportable el calor.

Carlota Casiraghi presta atención a Paulina Ducruet. | EFE

Las familias de ambos han sido parte importante en la ceremonia religiosa de este sábado. De hecho, una intérprete sudafricana ha amenizado parte del enlace y las sobrinas de Alberto, Carlota y Alejandra, hijas de Carolina; y Camila y Paulina, hijas de Estefanía, han subido a realizar una lectura en el altar frente a su tío.

Cuando finalice el oficio religioso, la pareja hará el recorrido nupcial en un descapotable hasta la Iglesia de Santa Devota, patrona de Mónaco, en la que la princesa, al igual que hiciera la fallecida Gracia tras su boda con Rainiero III en 1956, depositará su ramo.

La princesa Charlene junto a su padre Michael Kenneth. | EFE

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La princesa, algo fría

Charlene de Mónaco deslumbró hoy a su llegada a la Plaza del Palacio principesco acompañada de su padre, Michael Kenneth Wittstock, para celebrar su boda religiosa.

La ex campeona sudafricana de natación llevaba un traje firmado por el modisto italiano Giorgio Armani, que según fuentes de Palacio, ha necesitado más de 2.500 horas de trabajo y está adornado con 40.000 cristales Swarosky y con 30.000 perlas doradas.

La princesa, acompañada por siete pequeñas damas de honor, todas ellas monegascas, sonrió tímidamente cuando fue aclamada por los asistentes a su paso por la alfombra roja y blanca, colores nacionales del Principado, que tras el enlace será subastada para dedicar lo recaudado a causas humanitarias.

La desde ayer Charlene de Mónaco llevaba un ramo concebido también por Armani y realizado por el Garden Club de Mónaco con orquídeas y con proteas rosas, la flor nacional de su país.

Charlene, de 33 años, llegó puntual a las 15:00 GMT; el príncipe Alberto, vestido éste con el uniforme de verano, blanco, de la orden de carabineros, la esperaba en el patio de honor en el que se celebra la ceremonia.

El traje de la princesa, ajustado al cuerpo y con escote barco, está realizado en satén blanco, con una larga cola, bordados florales y decoraciones también en nácar de color blanco y oro, y según Palacio, del mismo modisto italiano será también el traje que luzca esta noche en la cena oficial.

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La familia Grimaldi en el Patio de Honor. | EFE

Familias e invitados

Las princesas Carolina y Estefanía de Mónaco, junto con sus respectivos hijos, hicieron su entrada radiantes en la plaza del Palacio principesco. Carolina, de 54 años, con un vestido rosa palo y una pamela, llegó acompañada de su hija pequeña, Alexandra, y al mismo tiempo que la princesa Estefanía (1965), que desfiló junto a sus tres hijos, Louis, Pauline y Camille.

Poco antes habían aparecido los hijos mayores de Carolina, Andrea, Pierre y Carlota, ésta última con el pelo recogido, un pequeño velo negro y un vestido rosa con escote barco, todos ellos junto a sus respectivas parejas.

Desde los lujosos hoteles de París y Hermitage, que hospedaron al grueso de los invitados, se vieron desfilar las pamelas, tocados y vestidos de cóctel requeridos para la ocasión, y desde los mismos partieron los representantes de las casas reales.

Los príncipes de Suecia, Noruega y Dinamarca fueron de los primeros en salir, y desde allí se pudo ver también a los herederos de Holanda y Bélgica, entre los cuales la princesa Máxima optó por un traje naranja adornado con una flor, y la princesa Matilde por uno azul.

Los primeros invitados habían empezado a llegar una hora antes en coche hasta la plaza, en donde se habían habilitado plazas para 3.500 monegascos, que no se llenaron, y fueron caminando hasta el patio de honor, convertido en “iglesia al aire libre”, y desde el que 800 personas podrán ser testigos directos del enlace.

Se pudo ver al presidente de la FIA, Jean Todt, a Luis Alfonso de Borbón y Margarita Vargas, con un vestido gris con pedrería y transparencias, así como a la exmodelo francesa Inés de la Fressange, acompañada de sus hijas, o al actor británico Roger Moore y a su mujer, matrimonio habitual del Principado, y al que los monegascos recibieron con aplausos.

Vítores también obtuvo el diseñador alemán Karl Lagerlfeld, muy próximo a la familia Grimaldi, y la esposa del ex presidente de Francia Jacques Chirac, Bernardette, con un vestido azul noche, así como la emperatriz de Irán Farah Diva, con un conjunto color lima.

El equipo encargado de organizar la ceremonia informó hoy de que para establecer el orden de entrada se ha mezclado “el protocolo monegasco, el real y el republicano, sin olvidar el de cortesía”, y de que las personalidades de alto rango iban a acudir en último lugar, entre ellos el presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, sin su mujer, Carla Bruni.

A diferencia de Rainiero III y la princesa Gracia, que en abril de 1956 se casaron en la catedral del Principado, Alberto II y su mujer optaron por celebrar su unión religiosa en Palacio, para dar cabida al mayor número de invitados posible.

La princesa Charlene y el Príncipe Alberto de Mónaco se besan durante la ceremonia. | EFE