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El sustento anclado a los atunes

   

ROMÁN DELGADO | SANTA CRUZ DE TENERIFE

Quizá no sea la forma más romántica y fácil de ganarse la vida, pero es la que a él gusta: la que ha mamado desde muy pequeñito en La Rajita (La Gomera). Y es que esto; o sea, cómo ganarse el sustento, a veces también está en los genes, que es, parece, lo que le ha pasado a Juan Ángel González Navarro, el joven patrón del barco atunero de Freiremar llamado Gofio.

Juan Ángel, como lo llaman sus allegados, se siente bien yendo detrás de los atunes, sobre todo cuando éstos se dejan coger, que es la coyuntura que ahora disfruta. Y le gusta su profesión aunque tenga que navegar más de un día para tocar pesca, junto a agua marina, desierto, compañeros de tripulación, cañas y anzuelos, y luego pescado azul que entra en cubierta para pasar a la bodega y en ella ser transportado a una temperatura idónea de conservación hasta el puerto de Santa Cruz de Tenerife, donde se le pone precio y está la recompensa.

Juan Ángel, en su barco atunero. | SERGIO MÉNDEZ

Juan Ángel, al mando del Gofio, hoy está capturando atunes, sobre todo tuna (Thunnus obesus), en aguas administradas por el Gobierno de Marruecos en el Sahara occidental, en un punto del océano al que llegar desde Tenerife le cuesta casi día y medio. En esa zona de pesca, ha hecho su mancha, con el apoyo de la embarcación de su hermano, Pedro, que en este caso es patrón y armador a la vez.

Este pescador de familia gomera criada en La Rajita quiere un futuro azul, y debe tenerlo

Estos dos buques se turnan en la pesca, de manera que, cuando uno ya tiene las bodegas hasta arriba, en torno a unas 24 toneladas del preciado atún, el otro toma posiciones y se encarga de mantener, de alimentar y de tener controlada la mancha de tunas. Y de extraer piezas, claro, que es lo importante. Este sistema tradicional de captura es de gran utilidad para las embarcaciones, pues permite tener localizado el cardumen, lo que supone mucho ahorro de dinero y mucha tranquilidad.

Juan Ángel pisó el otro día suelo de Tenerife. Fue sólo unos días, unas pocas horas. Ya está en alta mar otra vez, donde le gusta. Es su vida, y la disfruta con humildad y mucho esfuerzo. Su objetivo es encontrar el atún y capturarlo, y ojalá que lo pueda hacer de por vida. Ésta es, hoy en día, su gran preocupación, sobre todo porque cada vez es más complicado hallar zonas de pesca y también porque con el paso del tiempo los controles se han impuesto en las pesquerías y se hace muy duro poder desarrollar la actividad extractiva sin tener que perder mucho dinero, que es, como ocurre con cualquier otro negocio, de lo que se trata.

En el Gofio, un buque moderno de Freiremar, Juan Ángel González Navarro comparte el día y la noche sobre el agua con compañeros isleños y de África. Entre todos buscan la sintonía ideal para pasarlo lo mejor que se pueda lejos de casa, de los amigos, de la tranquilidad que a algunos da estar en tierra firme. Esto para ellos seguro que no es el principal problema: lo es saber hasta cuándo podrán asegurarse el sustento con los atunes: de listado, de tuna, de barrilote, de rabil, de patudo. Quieren un futuro azul, y deben tenerlo.

[apunte] Juan Ángel González Navarro lleva unos años de patrón en el pesquero Gofio, un buque matriculado en Gran Canaria y con armador en la capital de esa isla, la empresa pesquera Freiremar. Este joven nacido en La Gomera, que vive en Tenerife desde que era un niño (llegó con dos años de edad) y que trabaja para una firma pesquera con sede en Gran Canaria no hace mucho que es el jefe supremo de un buque atunero, aunque sí sabe demasiado de esta actividad: por experiencia, por años de trabajo y por genes. Este patrón de pesquero residente en Tenerife y empleado de Freiremar pasó su vida de bebé en La Rajita, en Vallehermoso (La Gomera), un lugar donde sus padres obtenían el sustento gracias a la pesca y a la actividad conservera.

Ésta tuvo gran esplendor en ese lugar en el decenio de los años sesenta del siglo pasado. De eso hoy queda poco, que la crisis barrió tal actividad industrial, aunque sí permanece el recuerdo, la afición y el cariño por la pesca artesanal de atunes, una actividad de la que sabe mucho por su padre, recientemente fallecido, y por al menos cuatro de sus cinco hermanos, que todos, de una u otra manera, han tenido que tocar atunes: muchos atunes y de todas las especies. [/apunte]