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El ‘Viejito’ cumple 118 años de procesión por el Puerto

   
Procesión Puerto de la Cruz siglo XX

Salida de una procesión en la parroquia de la Peña de Francia, a principios del siglo XX. / CEDIDA POR EL FEDAC

AGUSTÍN M. GONZÁLEZ | SANTA CRUZ DE TENERIFE

El paso del tiempo y los cambios sociales transforman las tradiciones de los pueblos. El caso de Puerto de la Cruz es paradigmático. En la actualidad las fiestas más populares del lugar son las de la Virgen del Carmen, pero, en otro tiempo, siglos atrás, tuvieron mayor arraigo las de la Cruz, la Virgen de l a Peña, la Virgen del Rosario o el Gran Poder de Dios. Este último, el Viejito, como cariñosamente lo llaman los portuenses, merece un capítulo aparte por el misterio que lo envuelve y por la veneración de la que goza.

Según cuenta Melecio Hernández, se trata de una talla sevillana de finales del siglo XVII que llegó al Puerto por “un designio divino”. El capitán de artillería Pedro Martínez Francisco, natural de Breña Alta, encargó a un taller andaluz una escultura del Cristo del Gran Poder para su pueblo. Por error, el consignatario del barco que lo transportó lo desembarcó en el muelle del Puerto de la Cruz. Según cuenta la tradición, cuantas veces intentaron reembarcar la imagen el mar se embravecía repentinamente, serenándose al devolverla al embarcadero. Vecinos y pescadores interpretaron este hecho como milagroso y consideraron que el Puerto de la Cruz era el lugar predestinado como morada de esa imagen. Así nació la creencia popular de que el Gran Poder estaba en el Puerto “por voluntad divina”, por lo que pronto caló un hondo sentimiento de fervor en la población.

Se tiene constancia de la presencia de la imagen del Gran Poder en el Puerto de la Cruz desde 1637, cuando se realizó el primer inventario de la parroquia de la Peña de Francia. Su procesión en el primer domingo de julio es el acto más solemne de las fiestas mayores portuenses. Su origen también está marcado por la leyenda. El exalcalde Álvarez Rixo dejó constancia en sus Anales de que los portuenses acudían en auxilio de su veneradísimo Cristo ante cualquier adversidad. Por ello, no fue de extrañar, como cuenta Fernando Viale, que, cuando en 1893 una epidemia de cólera morbo causaba estragos en la Isla, los portuenses decidieran, por primera vez, sacar en procesión al Viejito hasta los límites del pueblo, en La Ranilla. Aquella epidemia, traída a Santa Cruz por el vapor Remo, se cobró cerca de 400 vidas en la Isla, pero ninguna del Puerto.

Estos días la tradición de la procesión en acción de gracias del Viejito cumple 118 años.