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POR VÍCTOR ÁLAMO DE LA ROSA >

Emergencia

   

Me consta, dijo Ciclano, que se está perdiendo mucho tiempo, un tiempo precioso, cuando la situación es de emergencia, una emergencia que es social y también ética. Por unas cosas y otras, largó por esa boquita Ciclano, yo lo que sé es que desde el 22 de mayo que fueron las elecciones a hoy, todavía no está conformado el nuevo Gobierno de Canarias y su retahíla infinita de cargos intermedios. Ni siquiera los ayuntamientos están aún operativos, con tanto alcalde, tanto reparto y tanto nuevo concejal tomando asiento. Y mientras, corre desbocado ese tiempo precioso para los miles de parados y los miles de indignados. Canarias espera por un Gobierno que se ponga a la tarea de reflotar el Archipiélago trabajando a destajo, noche y día, porque ahora mismo hay muchos cargos a los que uno se quiere dirigir y no sabe siquiera su nombre. Esta lentitud, soltó Ciclano, no nos la podemos permitir, porque las deudas, las hipotecas y los recibos son sin embargo odiosamente puntuales. Me gustaría, confesó Ciclano, que todos aquellos que están asumiendo responsabilidades de gestión pública hablaran con su almohada y conversaran con todos los fantasmas de sus sótanos, porque todos y cada uno de ellos deberá abanderar una revolución que también debe ser ética. Busquen, dijo sentencioso Ciclano, en la raíz de sus vidas y de sus vocaciones y aparten el egoísmo, porque es todo el sistema lo que está en juego. De veras. Llegó el momento. Decreten de inmediato medidas de austeridad reales, que Canarias es una región empobrecida que no puede permitirse tanto sueldo colosal de alcaldes y concejales. No puede, simplemente, pagar a sus representantes públicos una media que oscila entre los cincuenta mil y los ochenta mil euros anuales de sueldo cuando los datos económicos reales son desoladores, ¿o es que debemos recordar ese treinta por ciento de paro que sangra por todos y cada uno de los poros de estas islas? El tejido social canario está resistiendo gracias a pequeñas fórmulas de solidaridad familiar: amigos (y hasta enemigos) que comparten piso y gastos, pensionistas que se cargan con hijos, esposas y nietos, gentes que van estrujando los cuatro ahorros de toda la vida mientras las prestaciones sociales se van acabando y así ese largo suma y sigue de resistencia heroica. Porque es verdad que la cosa está fea. Muy fea. El maquillaje ahorrativo que están publicitando las instituciones públicas, simple y llanamente, no basta. Los sueldos deben ser acordes a la realidad económica canaria. La mayoría de los isleños, cuando no está en paro, es mileurista, así que, partiendo de esa verdad, el nuevo Gobierno lo que tiene que hacer es simple: obligar a todas las administraciones y empresas públicas a bajarse los sueldos o, al menos, impedir que se los suban con artimañas inclasificables. Un ejemplo: el alcalde X tiene más de 70.000 euros brutos de sueldo, esto es, seis mil mensuales (un millón de pesetas), y resulta que Canarias sufre los sueldos más bajos de todo el Estado, que ya es decir, lo que supone que un canario gana de media poco más de mil euros mensuales. La matemática es realista y no engaña. Es inadmisible que un político con cargo gane cinco veces más que un canario corriente y moliente. ¿En qué cabeza cabe que un sistema pueda funcionar así? Por el bien común, no estiremos tanto la cuerda de la paciencia. Miedo me da.

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