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Por Leopoldo Fernández >

Engañabobos

   

El ministro de Trabajo, Valeriano Gómez, se ha declarado partidario de subir los impuestos a quienes superen determinados niveles salariales. Lo ha dicho al hilo de los comentarios que suscita estos días la retribución fijada para los más altos directivos de algunas entidades bancarias, casos de Bankia y Banca Cívica. Se trata de un deseo de Perogrullo pero que en cierta medida refleja el desagrado, por no hablar de indignación, que esta desmesura salarial produce en la opinión pública, sobre todo en momentos económicos tan delicados y cuando, como en este caso, esos bancos reciben ayudas oficiales vía FROB, además de todo el apoyo institucional para que su salida a Bolsa constituya un éxito. Las empresas privadas, sean o no del sector bancario, tienen todo el derecho para poder fijar las retribuciones de sus directivos, que en muchos casos vienen condicionadas por la movida de los mercados y las leyes de la oferta y la demanda; aun así, determinados niveles salariales resultan escandalosos e inaceptables, incluso tratándose de los primeros bancos del país, casos del Santander y el BBVA. Porque no se trata sólo de salarios de más de cuatro o cinco millones de euros -en algunos casos bastante más-; es que hay que añadir incentivos extraordinarios según resultados, regalo de participaciones en el capital de la empresa, planes de pensiones millonarios e incluso indemnizaciones pasmosas para supuestos de despido, que en varios casos conocidos han superado los 100 millones de euros. No hace falta citar otros ejemplos retributivos, porque ahí están los de Botín, González y compañía -por no hablar de Teddy Bautista y otros ejecutivos- para escarnio de cualquier currante. Como opina el ministro, así se producen diferencias salariales que en ocasiones superan el 1.000% entre los directivos mejor pagados y los trabajadores que se encuentran al final de la escala laboral. ¡Si, aun percibiendo esas cifras astronómicas, al menos se vieran obligados a pagar, vía impuestos, una muy alta fiscalidad, en línea con la excepcionalidad de su salario…! Pero, no sucede así y accionistas, ahorradores y trabajadores en general tienen que lamerse las heridas de estos comportamientos nada edificantes… y seguir pagando cada vez más, vía comisiones, por los servicios bancarios que reciben. Por eso estoy de acuerdo con el ministro, pero no me vale que lo diga ahora, en precampaña electoral, para echar una manita a su compañero de Gabinete, ese que desea ser tratado como Alfredo, que un rato actúa como vicepresidente Pérez y otro como candidato Rubalcaba. Esta guerra es oportunista, sucia y tramposa, sin traducción práctica, en plan engañabobos.