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Por Charo Zarzalejos >

Están cociendo Habas

   

Nadie diría que estamos en plena canícula. Los informativos vibran con las noticias que llegan del ámbito judicial y es que al final, lo que tiene que llegar, siempre acaba llegado. Era obvio que las pesquisas del juez Ruz acabarían con el obligado auto y era obvio que, en Valencia, el juez Flors acabaría pronunciándose sobre el asunto de los trajes. Las apuestas en relación a la suerte de Camps se dirigían mayoritariamente a que éste acabaría en el banquillo. Ante un auto judicial caben dos opciones para los afectados: recurrirlo o aceptarlo. Al resto de los mortales nos asiste el derecho a opinar pero nunca a descalificarlos en términos que dejen al juez que lo ha dictado al pies de los caballos, incluso cuando el auto en cuestión es tan llamativo -creo que incluso escandaloso- como el dictado por el juez Pedraz dejando en libertad, porque no hay riesgo de fuga (¡!), al etarra Iñaki de Rentería, terrorista especialmente cruel. En este caso, afortunadamente, la fiscalía ha reaccionado con rapidez y, como es natural, lo ha recurrido. Lo mismo harán los procesados por el chivatazo del Faisán. El asunto de los trajes está en otro punto procesal y el banquillo es seguro. De momento y mientras no haya sentencia, tanto los mandos policiales, como los políticos valencianos tienen derecho a que los demás les otorguemos la presunción de inocencia y nosotros la obligación de reiterarlo. Si no somos escrupulosos cuando de la fama y el honor de la gente se trata, al margen de su ideología o de su posición social o política, nosotros los periodistas nos atribuimos funciones que no son de nuestra competencia. Nosotros, los periodistas, somos testigos, no jueces de lo penal. Por todo ello, no seré yo quien juzgue los autos mencionados y ni mucho menos ponga en cuestión la honorabilidad de los procesados o de los llamados a sentarse en el banquillo. Sin embargo es obligado dejar constancia de los efectos secundarios de los mismos en el ámbito estrictamente político. Y así, llama la atención que ante el auto del juez Ruz, dirigentes socialistas no hayan dudado un momento en descalificarlo jurídicamente y no hayan dicho ni una palabra del auto del juez Pedraz. Es llamativo que el PP pida explicaciones a Rubalcaba y no abra la boca ante el procesamiento de Camps y demás políticos valencianos. No es posible pedir la dimisión de Camps y al mismo tiempo no sumarse a la petición de explicaciones políticas de un asunto como el del Faisán que en sí mismo desborda una mera operación policial. En política y fuera de la política, la ética -y también la estética- no es un principio de plastilina, moldeable según de quien se trate. En la memorable película Adivina quién viene a cenar esta noche, el protagonista -Spencer Trace- interpreta a un hombre liberal, crítico con los prejuicios raciales, defensor ardiente de la libertad. Sin embargo, cuando su hija se presenta en el domicilio familiar con un novio de raza negra dispuesta a casarse de inmediato, el padre libera nota que le tiemblan las piernas. En un momento de sus reflexiones, pronuncia una frase definitiva y cierta: “nada produce más vértigo que enfrentarse a los principios”. Se enfrenta, es fiel a los mismos y da el permiso para que su hija se case con su novio negro. Los autos que nos ocupan han producido vértigo en las casas socialistas y populares.