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Por Rafael Zurita Molina >

Estrella de los mares

   

Al escribir estas líneas en la víspera del Carmen, sólo puedo decir que, cumpliéndose lo previsto, el puerto de Santa Cruz de Tenerife festejó en el sábado su tradicional fiesta marinera. Sin nostalgia -los tiempos son otros-, es natural que se reproduzcan en nuestra memoria las pretéritas estampas de la procesión de la Virgen por la bahía. Reavivo los recuerdos en un texto y en una fotografía de Benítez que hallé -fui a buscarlas- en las páginas del periódico La Tarde correspondientes a estas fechas del mes de julio del año 1952.

Unas pocas líneas rescatadas del recordado vespertino bastan para advertir las sucesivas conmemoraciones de esta festividad en nuestra capital: “Hace algunos años fue muy señalada hasta el punto de que la afluencia forastera se manifestaba con caracteres de extraordinaria avalancha, siendo el Carmen en Santa Cruz motivo de peregrinación para las gentes de todos los pueblos isleños. Se deseaba presenciar el triunfal recorrido de la venerada imagen por las aguas del puerto, que paseaba en redondo a bordo de una barcaza enramada, en medio de la salutación de las sirenas y junto con un acompañamiento extremado de embarcaciones menores”. Y en el pie de foto se destaca la “armoniosa panorámica de la bahía de Santa Cruz durante la jornada marinera…”.

En otra ocasión, refiriéndome a la festividad de la Virgen morena de Candelaria, decía que, a primera vista, no resulta fácil ponerle fecha a las imágenes gráficas de celebraciones pasadas; y, añadía, que tal consideración podría generalizarse a las cíclicas fiestas patronales de nuestros pueblos, cuyas costumbres y tradiciones se repiten en sus fundamentos. Si bien, es posible que pueda encontrarse alguna referencia especial que caracterice cada momento, indefectiblemente irrepetible; un distintivo que alcanza su máxima expresión en los cambiantes paisajes portuarios, signados por la peculiar estampa de los barcos que los componen.

Lo que no cambia, lo que esta fijado e inamovible a través del tiempo histórico, son los símbolos que dan pábulo a las respectivas celebraciones. Sobre la festividad marinera en nuestra Ciudad, es la permanencia de la sagrada Imagen de la Virgen del Carmen, entronizada en la Iglesia matriz de la Concepción en el siglo XVII, que fue donada por el comerciante local don Francisco de Vera Pacheco. Una arraigada advocación mariana que tuvo su origen en la alabanza a la Virgen como Estrella de los mares -guía de los marineros y Patrona de la Marina Española- que alcanza a casi todos los pueblos hispanos de América. Además, nos cabe decir que en el año 1919 se inició la procesión marítima por la bahía santacrucera, que se hizo como un acto de acción de gracias tras finalizar la Primera Guerra Mundial.

Y, por último, considerando esta fecha como la entrada oficial del estío isleño que conlleva unas semanas de descanso de esta página, queden nuestros deseos de felices vacaciones para cuantos laboran por la estabilidad y progreso de nuestro dispositivo portuario, que son extensivos a todos los que aquí vivimos.