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Por Perplejita Me Hallo >

Flamante

   

Hace poco, en una emisora de radio, el nuevo viceconsejero de Inmigración se ofendía terriblemente porque un oyente le había llamado “flamante viceconsejero”. Además de eso le recordó que el programa de su partido en 2007 proponía la expulsión de los inmigrantes, culpables según el mismo documento de las siete plagas, y la presencia de la Armada para disuadirles de venir a Canarias. Pero nada de eso le causó tanta ofensa como que le llamaran “flamante”. Y casi seguro que lo dijo serio como un notario, sintiéndose realmente insultado. ¿Qué problema tenemos con las palabras? ¿De verdad hemos llegado a este punto de desconocimiento? ¿Con cuántas palabras maneja nuestro idioma alguien que va a tener responsabilidades públicas de tantísimo peso? Imagínense ser un trabajador bajo mando directo de una persona que se ofende porque le digan “flamante”. A ver con qué pies de plomo te andas para dar los buenos días sin resultar hiriente. O para recordarle mañana que hace dos días apoyó una propuesta en sentido radicalmente contrario a la que apoya hoy, como le ha pasado a este cargo público con el programa electoral de su propio partido. Como ahora empiezo mis vacaciones, aprovecharé para reflexionar sobre otros adjetivos aparentemente inocentes que encierran terribles puyas, sobre el demente que ha dejado a Noruega sin su inocencia, sobre los talentos desconocidos que la droga nos roba, encarnados muchos en Amy Winehouse, y sobre lo que nos espera a la vuelta en septiembre, que parece que viene cargadito. Que descansen lo que puedan, y en un mes nos vemos.