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Por Enrique Areilza >

Grillete+cadena+bola

   

Se discute entre la gente, si la Blackberry debe su nombre a la bola que se fijaba a los pies de los esclavos de los campos de algodón, o si en cambio, proviene del parecido entre su teclado y las moras de un racimo de ídem. Yo me inclino por la primera.

Tengo un amigo y ex colega, que se pavoneaba al dejar en el hotel su Blackberry, durante las reuniones internacionales. Decía, que un alto número de llamadas y/o mails, indicaba una clara incapacidad de gestionar equipos. Y creo que no le faltaba razón.

Hoy, en estos días de crisis morrocotuda, es más necesario priorizar que antes. Ahora, si no priorizas, vas directo a concurso (de acreedores). Creo que es Timothy Ferriss quien dice que, el nivel de prioridad, debe asignarse en función de lo cercano que la tarea esté de convertirse en dinero. Cuánto más cerca esté la facturación (o mejor el cobro) prioridad más alta. También me gusta. Aunque pueda tacharse el sistema de simplista, desde luego es válido y mucho mejor que otros. Y si hoy, más que nunca, el crédito es una quimera, buscar el ingreso debe contar con la máxima prioridad. Bueno, y ahora aunando las tres ideas, tenemos que: un buen profesional tiene que ser organizado y estructurar bien sus prioridades. Puede que siga el criterio expuesto u otro distinto, más o menos eficiente. Aquí esta la responsabilidad de su jefe en velar porque el criterio sea el adecuado y alineado con los intereses de la empresa. Cuidado, no sonrías pensando que tu jefe nunca te ha preguntado sobre tu criterio de prioridad y pienses una vez más que es un incapaz… Antes, mejor recuerda aquello de “la paja en el ojo ajeno” y piensa si tu realmente tienes un criterio, lo utilizas, eres fiel al mismo, si estás seguro que es el mejor y además revisas los de tus subordinados.

Supongamos que, efectivamente somos organizados, tenemos un adecuado criterio de prioridades y ordenamos nuestro día a día siguiendo ese sistema. En ese caso, FELICIDADES antes de continuar. Si es así, tendremos una jornada programada con una serie de “cosas que hacer” ordenadas en el día por su prioridad. Lo normal es que tengan un tiempo asignado y probablemente tardemos más en hacerlas de lo estimado. Ya estamos en un día cualquiera, perfecta y eficientemente programado. Llegas a tu oficina, o quizás mientras desayunas en tu casa, o incluso en la ducha, si tu smartphone es water resistant y ves los setecientos mil mails pendientes de leer. Si tienes facebook y twitter ni te cuento, pero de momento, lo olvidamos para no liarnos. Te quitas de encima una cantidad ingente de publicidad, cosas graciosas de amigos, una prima lejana de Nairobi que necesita 20.000 euros para que puedas quedarte con la herencia multimillonaria del supuesto tío, tres mil campañas de compra agrupada o descuentos de última hora, etc. Ya queda menos, sólo los de trabajo, digamos 30. Los abres, no sea que haya algo importante que dejes pasar. Te generan algunas tareas imprevistas, que rápidamente, incorporas en la agenda del día. Además, las pones a primera hora para “quitártelas de encima” asap. Y en ese momento, la primerita cosa que has hecho en el día, hace que el criterio prioridad se haya ido al garete, porque hemos desplazado nuestra primera tarea, a no se sabe bien cuándo. Pero además, no hemos considerado ni el coste de oportunidad, ni el lucro cesante, ni la madre que lo trajo. Lo de dinero a la vista, pues eso una quimera como el crédito…

Me pregunto, si el futuro será el pasado y los smartphones serán cosa de tontos. Lo que está claro, es que tienen cadena, grillete y bola.