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el observador > por carlos e. rodríguez

Gürtel: sigue la investigación

   

El registrador de la propiedad Mariano Rajoy, es, además de honrado, un hombre de muy alta cualificación jurídica y al que ni sus peores enemigos han conseguido jamás encontrar la más leve relación, ni siquiera de pasiva tolerancia, con las redes de corrupción que se movían en el PP en torno a Francisco Correa, hombre de confianza del entonces muy poderoso Francisco Álvarez Cascos y del famoso tesorero Bárcenas, en el caso de estos dos últimos más por pasiva tolerancia que por alguna hasta ahora no encontrada participación activa, que sus enemigos políticos aseguran que pronto aparecerá, lo que no es seguro que vaya a suceder porque tengo si no la certeza, por lo menos elementos de juicio para pensar que nunca la hubo.
En cualquier caso, el tema de la llamada trama Gürtel sigue en la Audiencia Nacional y en manos del magistrado Baltasar Garzón, de quien nadie que le conozca puede dudar que la investigará hasta el final. Los conocedores de las interioridades del asunto siempre advirtieron que lo peor era que Garzón hubiera llegado en sus investigaciones hasta Valencia, porque allí estaba no tanto el verdadero corazón de la trama como el punto en el que Correa había llegado más lejos.
No es ciertamente bueno para el PP que este desdichado asunto recupere fuerza mediática precisamente cuando todo indica que se acerca el momento en que las elecciones generales anticipadas serán inevitables incluso contra la tenaz resistencia de Rodríguez Zapatero a someterse al veredicto de las urnas, pero la parte buena del incómodo asunto es precisamente el hecho incuestionable y que la opinión pública podrá comprobar de que los protagonistas de aquella trama de corrupción nunca consiguieron llegar hasta Rajoy, ni mucho menos obtener la menor tolerancia de parte del actual líder del PP, por el contrario incluso más activo que sus adversarios políticos en la decisión de que la trama Gürtel se investigue hasta el final del final. El gallego Rajoy tendrá otros defectos de eficacia política o de carácter, pero al igual que a otro político gallego, Manuel Fraga, nadie le encontrará jamás la menor connivencia, ni siquiera tolerancia, con tramas de corrupción, porque en la naturaleza misma de ambos está sólidamente anclada la honradez y desde luego la exigencia radical de honradez en la gestión de los asuntos públicos.
Lo anterior aparte, es sin embargo innegable que la investigación judicial de la llamada trama Gürtel, siendo como es el magistrado Garzón hombre decidido y capaz de llegar al fondo de los asuntos que investiga, acabará por deparar algunas incómodas sorpresas, no necesariamente por cierto sólo en el ámbito del PP, porque Correa fue muy transversal en sus actuaciones. Pero ésta es otra cuestión de la que ya llegará el momento de sacar a la luz interesantes y sorprendentes datos.
Unas elecciones sentenciadas. Los datos de los últimos sondeos del CIS coinciden con los de otras empresas de opinión pública y empeoran las expectativas electorales del Gobierno, lo que no sería imposible que produjese algún movimiento táctico para retrasar la llamada a las urnas. Todo indica que las elecciones están sentenciadas y que, de producirse ahora, llevarían a Mariano Rajoy a La Moncloa, por lo que es lógico pensar que Rodríguez Zapatero intentará cualquier cosa que esté en su mano para ganar algún tiempo, aunque ya sería ciertamente muy difícil. Para los expertos demoscópicos parece claro que el desmoronamiento de expectativas electorales del PSOE no es tanto del propio partido como del rechazo que suscita en la opinión pública, incluso en la afín al socialismo, el personaje inverosímil que sigue atrincherado en La Moncloa, tras la más desastrosa etapa presidencial desde el inicio de la democracia en España. Lo sorprendente es que un partido como el PSOE, con tan extensa nómina de líderes de gran nivel, prestigio y credibilidad ante la opinión pública, permanezca sometido a ese personaje inverosímil en vez de promover desde dentro su relevo por cualquiera de los muchos excelentes políticos que, promovidos al liderazgo, estarían en condiciones de recuperar rápidamente la imagen del PSOE y con ello, sus expectativas electorales. Debe ser aquello tan antiguo de que “Dios ciega a quienes quiere perder”.