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Por José Carlos Alberto Pérez-Andreu >

Gustavo Matos ficha por CC

   

Gustavo Matos, hablo del triste candidato socialista al ayuntamiento de La Laguna estas pasadas elecciones, ha fichado como director general en el Gobierno que preside Paulino Rivero. Sí, exactamente, el que quería cambiar de aires después de 20 años y el que por ello sembró cada esquina en la ciudad de carísimas vallas publicitarias con su soñolienta cara. El mismito Gustavo Matos que hace unas semanas soltaba culebras por la boca y juraba en hebreo demonizando a Coalición Canaria para asegurar que nunca pactaría con los nacionalistas. Sí sí, ese. Pues “lo suyo duró lo que duran dos peces de hielo en un whisky on the rocks”, que cantara Sabina en 19 días y 500 noches. Helo ahí, en la poltrona del buen comer y el mejor beber (y lo subrayo porque, casualmente, es el responsable de comercio y consumo). Pues nada, resulta que donde dije digo, digo Diego; o más concretamente, digo Paulino. Muy bien chaval, supongo que ya te habrás percatado de la cantidad de veces en las que podrías haber guardado silencio para comprobar que calladito, además de estar más guapo, no se peca de imprudente. Visto lo visto, y continuando con el paralelismo musical, Matos ha tenido “la lengua muy larga y la falda muy corta”.

Y claro, es que esto tiene su coña. Gustavo Matos (hoy director general de comercio y consumo del Gobierno de Canarias) emprendió durante su campaña electoral lagunera una inexplicable cruzada personal contra el nacionalista Juanma Bethencourt (hoy concejal de urbanismo del dicho ayuntamiento). Matos le reprochaba al Bethencourt que, tras los comicios, abandonaría el acta de concejal para mandarse a mudar a un puestito que dependiese del Gobierno. Tamaño es el ridículo cuando lo que ha sucedido es todo lo contrario. Lo que Matos en caliente comentaba en las tertulias de Radio Club día sí y día también, se lo ha tenido que comer con papas fritas. Para quien escribe es obvio, afortunadamente desde hace mucho tiempo, que somos dueños de nuestros silencios y esclavos de nuestras palabras. Mi admirado Paco García del Rey me asesoraba, hace veinte años (que como cantaba Gardel, no es nada), con un clásico que rezaba aquello de que: “más vale parecer un ignorante, que abrir la boca y disipar todo tipo de dudas”. El sabía que en esto de la comunicación yo era entonces un pipiolo, y consiguió que lo asumiera. Lo realmente importante de aquella enseñanza era que en la mayoría de los planos de la vida si no sabemos dónde estamos y quienes somos, estamos perdidos. Este ha sido el caso de Gustavo Matos, que en política (en absoluto profesional ni personalmente) esta aún más verde que Shrek.

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