X
Por Víctor Álamo de la Rosa >

Inocentes

   

Ciclano está que arde, porque el otro día me dijo que en este país ya nadie se para a pensar y reflexionar un poco al menos sobre las cosas que pasan y me puso de ejemplo esta moda de que presuntos inocentes, como Camps y Curbelo, solo unidos por la C de Caraduras, se declaren inocentísimos y sin embargo dimitan de sus puestos, uno de presidente de los valencianos y el otro como senador canario, y Ciclano se preguntó ¿qué demonios harían en caso de ser culpables? Si se es inocente, ¿por qué se dimite? Y en el caso surrealista del gomero, ¿por qué se larga del senado y no se larga de la presidencia del Cabildo? Todas esas preguntas me las hizo Ciclano y yo me quedé un poco bastante sin palabras, porque tenía razón. Y me dijo que le daban igual las estrategias de partido y todas esas pamplinas porque eso era como decir que las personas no tenían dignidad ni existía la ética individual y, más allá, que ya no hay espacio para una ética colectiva. Y los verdaderamente inocentes somos los ciudadanos, que asistimos perplejos al espectáculo sucio de la política más sucia y, además, asombrados porque ya se pone en tela de juicio hasta a la policía, caso de Curbelo, que dice que mienten, que la policía miente, y a lo mejor tiene hasta razón (lo cual serían aun más grave), porque en este showbisnes en que se ha convertido el mundo uno ya no sabe en qué creer y eso sí que es peligroso. Yo, le dije, quiero creer por lo menos en la justicia, porque de lo contrario apaga y vámonos, así que vamos a ver en qué paran Camps y Curbelo, que solo son dos símbolos de moda, nada más, pero que como tales sirven perfectamente para explicar el problema de fondo. Porque en el fondo, dijo Ciclano, lo que hay es un descrédito general de la política al que yo me niego. Yo quiero pensar que en política hay gente buena y hay gente con ideales y hay gente que lucha por el bien común. De veras, quiero seguir pensando eso, no solo para huir de la depresión, sino porque de lo contrario algo de veras importante como es la democracia se nos va al carajo del carajo, así de simple. Camps hace mucho que tenía que haber dimitido e irse con la cabeza alta, simplemente porque lleva toda su vida ejerciendo cargos políticos (el hombre ha sido de todo, desde concejal a presidente de una comunidad autónoma). Y Curbelo tres cuartos de lo mismo, porque lleva toda la historia democrática de La Gomera gobernando él y su séquito. Por eso no me gustan ninguno de los dos, porque ninguno de los dos ha hecho el ejercicio reflexivo necesario para concluir que en política hay que estar como mucho un par de legislaturas, esto es, ocho años, y después dejar pasar a otros, y no asentarse en el poder treinta años. Es simple: la poltrona desgasta y corrompe, irremediablemente, y por eso hay que cambiar o tomar la decisión personal de irse, de irse incluso aunque a uno le voten, caso de los gomeros. Eso es lo que harían personas cabales, íntegras, cultas. Pero no, hay que aferrarse al poder político salga el sol por donde salga. Camps y Curbelo han emborronado sus trayectorias, porque, cada uno en lo suyo, ambos debían haber dejado la política hace años y ejercer sus profesiones, pasando a un segundo plano y ayudando a que la política, ya sea en Valencia ya sea en La Gomera, se regenere. Y la política, dijo Ciclano, solo se regenera si cambian las personas y se da la oportunidad a otras. Es, sin duda, una invitación a hacer las cosas mal y a caer en comportamientos corruptos el hecho de que cualquier político en Canarias se plante de alcalde o diputado o presidente del Cabildo veinte o treinta años. Así lo ve Ciclano, así lo veo yo también.

www.victoralamodelarosa.com