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Por Leopoldo Fernández >

La condición humana

   

Supongo que más pronto que tarde se esclarecerá la -vamos a llamarla así- aventura nocturna madrileña de Casimiro Curbelo, senador y presidente del Cabildo de La Gomera. Si uno lee lo publicado en los periódicos de la Villa y Corte, se quedará, como a mi me ha pasado, sumido en un mar de dudas. Porque para un diario, el incidente de su detención se inició “en un reservado” de “la sauna Golo Chicas de la calle General Perón”; para otro, “en un reservado de una sauna cercana a la zona de bares de Azca”, y para un tercero el senador se hallaba en una “zona de la calle Orense”, considerada la más chic de Madrid y de intensa actividad nocturna en ocio y servicios. También existe discrepancia sobre otros detalles del caso, por eso se habla de “insultos y zarandeos”, de “síntomas de embriaguez”, de “escándalo público”, de “una mesa y otros enseres rotos”, de “discusión subida de tono”, de que Curbelo “quería optar a algún paquete del club sin abonar el precio”, y cosas así.

El senador asegura que la tesis de la sauna o el puticlub es pura mentira, que él no estuvo allí y que todo empezó a las puertas de una comisaría, a la que su hijo Aday había acudido para interponer una denuncia por el trato recibido en el local donde tomaban unas copas. Los periódicos cuentan hoy la versión del dirigente gomero, que acompañaba a su hijo al formular la denuncia, y que dice haberse sentido maltratado, humillado y agredido. Añade que le rompieron gafas y móvil antes de ponerle las esposas, en una actuación policial que, no obstante el clima de tensión existente, considera desproporcionada e ilegal -senadores y diputados sólo pueden ser detenidos en caso de flagrante delito-, pero contra la cual no ha interpuesto denuncia. Veremos a ver lo que dice el juez de guardia al que ha pasado el correspondiente atestado, en el que es acusado de atentado contra agentes de la autoridad. El escándalo queda ahí para la posteridad, porque Casimiro es un personaje público que con su actitud ha perjudicado la buena imagen de los gomeros y de los senadores.

Todo podría haberlo evitado de no haber acudido donde no debía, o no haber actuado como lo hizo, menos aún acreditándose como senador para decir luego eso de “a mí no me detiene ni la Guardia Civil”, “a mi no me detiene ningún godo” y “vosotros sois policías y estáis a mi servicio”… El que el asunto haya adquirido una dimensión política y el PP se le eche encima es la consecuencia propia del caso, no va a aplaudir el incidente, como no lo haría el PSOE si le hubiera ocurrido a un senador del PP. Son cosas de la condición humana y de la a veces contradictoria libertad de sus acciones.