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POR PETENERAS > POR RAFAEL ALONSO SOLÍS

La conspiración del bombillo

   

Imaginemos un globo vacío. Si aproximamos su orificio de entrada a la boca y soplamos, el gas se expandirá y el globo aumentará de tamaño. El incremento en el volumen del globo tendrá unas limitaciones relacionadas con el material de que está constituido para resistir la tensión. Antes o después, el globo estallará, dando por finalizada la historia de su crecimiento, incapaz, por la propia naturaleza de las cosas, de alcanzar el infinito. Ahora pensemos en el concepto de crecimiento económico y en todo lo que se asocia a éste: innovación, producción, comercio, consumo, caducidad y renovación. Antes o después, de la misma forma que el globo, algo explota. Cambiemos por un instante de plano. Casi todos los días consumimos algo nuevo, y con ello, dicen, contribuimos a reflotar la economía. Afortunadamente para ella, los teléfonos móviles tienen una vida activa modesta, y debido a su precio y a la mejora de las ofertas, adquirir un nuevo modelo constituye una tentación irresistible. Las teclas del ordenador son suaves y atractivas al tacto, pero al cabo de pocos meses comienzan a borrarse con extraña sutileza. Primero se le borra una patita a la “a”; más tarde la “ñ” pierde su antigua corona, la “i” queda reducida a un puntito, y la “o” se abre al exterior, para acabar siendo solo un espacio vacío, cuya utilidad se mantiene cierto tiempo porque nuestros dedos de pianista aún recuerdan donde debe golpear para reproducir cada signo. Cuando el teclado se acaba pareciendo a una minúscula pianola, con espacios en blanco y letras fantasmas, descubrimos que ese modelo ya no se fabrica, por lo que resulta obligado cambiar el ordenador entero. Algo parecido acabará pasando con nuestra ropa interior o nuestros calcetines, porque los hermosos tejidos de colores de bragas y calzoncillos no resisten la fuerza de los pedos, y el sudor de nuestros rincones más íntimos actúa con la crueldad del vitriolo. La durabilidad de los tejidos es algo tan perseguido como las horas de impresión de los periféricos, la vida media de las baterías o la ambigua existencia de las pilas. Mientras el mundo va transformándose paulatinamente en un basurero, mientras en los ríos los peces son sustituidos por fragmentos de ingenios retorcidos y los barrancos acumulan los viejos electrodomésticos obsoletos, la conspiración del bombillo funciona a rajatabla.