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POR MANUEL IGLESIAS >

La formación ante el riesgo natural

   

Hace unos días se realizó en La Laguna un simulacro de actuación ante un seísmo, intervención que estuvo preparada por el Colegio de Enfermería y en el que participaron diversas organizaciones de emergencias y de sanidad. Este tipo de simulaciones ya se han realizado antes y sirven para formar mejor a los profesionales en distintos ramos.
Es una iniciativa fundamental para aquellos que deben actuar en posibles catástrofes naturales y todo lo que se aprenda ahí siempre será poco. Pero es notorio que en el ambiente general se prefiere mirar hacia otro lado ante una realidad de las Islas, que es su configuración volcánica y la existencia de un riesgo cierto.

Se opta por ocultar las cosas al parecer bajo un temor de que hablar de ello puede impresionar a posibles visitantes, pero la realidad está ahí y los riesgos son auténticos para la población, pese a que esta se mantiene en cierta forma anestesiada y como un elemento pasivo y no partícipe activo en las respuestas, cuando deberíamos tomar conciencia, sin alarmismos, sino con naturalidad, de cosas que deberían estar en el conocimiento de los habitantes del Archipiélago desde que son niños.

Viajo con frecuencia a Chile, país notoriamente volcánico y sísmico y una de las cosas que se puede apreciar es como en sus pueblos aceptan lo que puede suceder como una realidad de su entorno y aplican esa normalidad en formarse en la prevención y en la respuesta en caso de emergencia.

Por ejemplo, gran parte de la población sabe de cuáles son los “lugares seguros” en su entorno inmediato a los que debe acudir y concentrarse, con medios de agua, sistemas de energía, etcétera, a los que recurrir. Las familias tienen establecido de común acuerdo entre ellos un punto en el que se encontrarán todos si se produce un evento que los coja fuera de su hogar. La gente sabe que debe acudir a pie, no en vehículo, para no obstruir los movimientos de los servicios médicos. Las personas tienen un listado de las frecuencias de las emisoras de radio por las que se emiten los avisos, de manera que si una queda no operativa pueden hallar otra en el dial.

Profesionalmente, en las mismas emisoras hay una sola persona, cuyo nombre es conocido por los servicios de emergencia y es la única que se contacta para que se canalicen las informaciones con certeza y sin pábulo a la confusión y los rumores… Y hay otros aspectos importantes que se pueden citar.

¿Quién de la población en Tenerife sabe a dónde dirigirse en caso de una catástrofe natural?, ¿cuántas familias han hablado entre ellos, sin alarmismos, de este tema y de cómo reaccionar en común? Tal vez sería bueno que reflexionáramos sobre ello y supiéramos que hacer cada uno, no solo los profesionales. Entre los cursos escolares de volar cometas o macramé, etcétera, ¿no habría un hueco para anualmente hablar con los niños de cómo tienen que actuar ellos y sus padres en una emergencia?