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Por Carmelo Rivero >

La Isla de Utoya

   

La salvaje Europa, que alardeaba de buenos modales y Estado del bienestar, remata a sus muertos a quemarropa. No hablo del bochorno de la agonía griega en la UE, sino de jóvenes estupefactos encañonados por un ultra de 1,90 y ojos verdes en la Noruega atónita donde no mataban ni a una mosca. La misma Europa en que volaron los trenes de Madrid y el metro de Londres, y en una calle de Amsterdam fue acribillado el cineasta Theo van Gogh, que pasaba en bicicleta.

Sí, la que dice encarnar la civilización frente a la barbarie, como si releyéramos a Coetzee. Pero ese mapa de roles quedó obsoleto, como prueba ahora extremadamente el paraíso noruego, edén en el ranking de la felicidad, que mi amigo Juan Carlos Mateu viene censando desde hace años. Hoy es un infierno.

Caían los muros y volvieron las necias alambradas sobre las ruinas del Acuerdo de Schengen, tras la primavera árabe.

Nos habíamos reunido el miércoles en el Kastillo de La Laguna Alfonso González Jerez, Job Ledesma, Mario Alonso y el que suscribe, en el marco de Mumes, a diletar sobre el mestizaje canario, 48 horas antes de la doble masacre nórdica -¡quién nos lo iba a decir!-, del coche bomba de Oslo y el derramamiento de sangre a espuertas de la isla de Utoya, perpetrado por un ultra descerebrado, de vida bucólica y lecturas tangenciales de Stuart Mill, Orwell y Kafka, con delirios de caballero templario y poseído de una islamofoboia deletérea, al que se le atragantaron los laboristas (culpables de la invasión musulmana de Europa, según el sujeto).

Disfrazado de policía, penetró en la isla campamento de los pupilos del partido del gobierno y dispuso de 90 minutos de exterminio casi orgiástico, corroído por el descenso de su equipo de fútbol.Este efebo rubio llevaba el demonio dentro: tanto él como el suceso resucitarían a Truman Capote.

A ese paso, Europa imita al típico majara de EE.UU. tanto como importa su moda. La Noruega crisol de culturas -de argentinos a pakistaníes- parió también a un maníaco podrido de racismo.

¡Racha mala de juventud inmolada!: asimismo, apareció muerta la cantante con moño de muñeca yonqui Amy Winehouse -se veía venir- en su apartamento de Londres.
¡Dios ponga su mano en las manzanas de la Puerta de la Sol!