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SIN COMPLEJOS > POR FERNANDO FERNÁNDEZ

La reforma electoral que necesitamos

   

Durante el debate de investidura del Presidente Rivero todos los oradores mencionaron la necesidad de reformar nuestro sistema electoral, pero no todos querían expresar lo mismo. Aludían a las normas para la elección de diputados regionales; ninguno a la para mí prioritaria reforma del procedimiento de elección de alcaldes, que está en el origen del descrédito de los políticos y del malestar ciudadano. Los cambalaches que a veces se producen en algunos ayuntamientos cuando los concejales eligen al alcalde son mal comprendidos por los votantes, que no entienden que quien ha ganado las elecciones no sea finalmente quien gobierna.

No es lo mismo la elección en un sistema parlamentario que en un sistema presidencialista y aquí se confunde todo para que cada uno haga de su capa un sayo. Lo cierto es que ahora, con tiempo por delante, es necesario hacer algunas reformas y no esperar a que dentro de 4 años se repita la misma historia.

Durante la Transición, los gobiernos de la UCD barajaron diversas alternativas para las elecciones municipales y por un momento pareció inclinarse por la elección como alcalde del cabeza de la lista mas votada. La izquierda prefería el sistema actualmente vigente, porque creía que una alianza de socialistas y comunistas permitiría desbancar a los candidatos centristas, previsiblemente mayoritarios, como así fue. Tres décadas después es tiempo suficiente para que se intente una reforma que impida que una minoría, generalmente de de 1 o 2 concejales, permita conformar una mayoría distinta a la expresada por las urnas, a cambio de ocupar áreas como urbanismo y hacienda, casi siempre las mismas, ¡qué casualidad! Sería deseable que gobierne la lista mas votada o que se vaya a una segunda vuelta entre las dos fuerzas con mayor número de votos. El modelo de nuestros cabildos insulares no ha funcionado mal y tal vez sea válido para los ayuntamientos.

Esa reforma es necesaria y urgente y si de paso se puede evitar que un par de votos tránsfugas puedan alterar el resultado electoral, habríamos dado un paso importante en la buena dirección. Distinto es la elección de diputados al parlamento canario. Fui miembro de la comisión para la reforma del Estatuto de Autonomía creada en noviembre de 1991. He revisado la documentación y las actas de lo que entonces dijimos y pretendíamos. Durante años los socialistas han ido cambiando de opinión en función de la coyuntura. Han hablando de una circunscripción regional, de aumentar el número de diputados, han repetido una vez y otra que las actuales normas son antidemocráticas, obviando que fueron aprobadas, entre otros, con sus propios votos y que se ha ratificado la constitucionalidad de las mismas.

CC es beneficiaria del sistema vigente, pero no fue ella quien lo propuso. La circunscripción insular y el número de diputados de cada isla se debe a la UCD y, fundamentalmente, a los senadores Acenk Galván, Stinga y Padrón, de La Palma, Lanzarote y El Hierro, respectivamente. Las actuales barreras las propuse yo mismo, en una enmienda para ser negociada con los socialistas. El 6 por ciento regional y el 30 por ciento insular trataban de evitar un parlamento fraccionado e ingobernable, lo que se ha conseguido. Pero hablamos de rebajarlas a un 5 y a un 25 por ciento, respectivamente, lo que no se hizo finalmente. Esa reforma de las barreras insular y regional es sencilla y necesaria. Todo lo demás de lo que ahora se habla parece un intento de la cuadratura del circulo y si no, al tiempo.