X
SIN OBJETIVIDAD > JOSÉ ANTONIO FELIPE MARTÍN

La vida va muy deprisa, menos en Tenerife

   

Mi gran amigo Alejandro Santos, un hombre que peina canas de sabiduría y experiencia, siempre me dice que el mundo va cada vez más rápido. Dice que con los años iré notando aún más esa velocidad vertiginosa y que, por tanto, hay que disfrutar de cada momento. Intenta evocar aquello del carpe diem, algo con lo que yo no estoy nada de acuerdo. En el deporte de esta Isla el tiempo se ha parado o al menos ha entrado en un bucle temporal en el que se repiten una y otra vez las situaciones.

El pasado verano, Miguel Concepción, presidente del Tenerife, ya trató de mala manera al técnico que ocupaba el banquillo blanquiazul. Parece que el dirigente de la entidad chicharrera y las buenas formas con los técnicos no son su fuerte. Si en el pasado José Luis Oltra fue el ninguneado, ahora David Amaral tiene que sufrir las malas maneras de unas personas que no llegan a entender que representan a un club mucho más grande que ellos. Una entidad que perdurará durante mucho tiempo y que se olvidará de ellos. Bueno, se olvidará de algunos, porque de Concepción recordaremos los dos descensos consecutivos y del gerente del club que los mayas al final no tendrán razón alguna: llegará 2012 y el mundo no se podrá acabar porque Juan Amador seguirá en el Callejón del Combate contra ERE y marea. Ayer, cuando Ángel Fernández Carrillo anunciaba lo del ERE, me asustó la frialdad con la que alguien puede decir “esperamos resolver varios casos” sin pararse a pensar que “resolver” quiere decir echar a gente a la calle.

Tampoco cambiará el año que viene la discusión acerca de la fusión del baloncesto insular. Cuando tenga un hijo y le diga que de qué equipo es, el niño (o la niña) tendrá que decantarse por alguno, porque el equipo “fuerte que representa a la isla” no va más allá de los irresponsables labios de los que están involucrados en ese proyecto que fue guerra, luego culebrón y ahora es un chiste como los de Arévalo: tan malo como incomprensible. Pero ellos siguen tan entretenidos con sus guerras y sus dimes y diretes que no se han percatado de que eso ya pasó otro verano. De los equipos de base no hablo, porque da vergüenza que algunos traten de enseñar valores a niños viendo como se manejan a la hora de ficharlos de otros clubes o colegios. Como ellos se consideran los buenos, siempre creen que me refiero al de al lado, no a ellos.

Por último, voy a decir algo muy impopular: muchas veces vestimos con cariño proyectos unipersonales sin arraigo y sin masa social que los ampare para luego echarnos las manos a la cabeza cada 30 de junio refugiándonos en el derecho de cada uno a competir aunque sea a base de fondos públicos. Eso vuelve a nuestro deporte mediocre y va cansando a los dirigentes… hasta el próximo verano.