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Lo que el hombre ha unido, que no lo separe Dios…

ÁNGELES RIOBO | SANTA CRUZ DE TENERIFE

Lo que el hombre ha unido, que no lo separe Dios… Este juego con las palabras de la típica frase final de las bodas católicas refleja la realidad de los últimos años en España y en Canarias: cada vez menos parejas deciden contraer matrimonio por la Iglesia. Según se desprende de los datos del Instituto Nacional de Estadística, (INE), sólo 914 de las 2.876 bodas celebradas en la provincia tinerfeña en 2010 lo hicieron ante el altar. El resto prefirió sellar su compromiso de amor con una ceremonia exclusivamente civil. Una socióloga, un sacerdote y una sexóloga ofrecen a DIARIO DE AVISOS su interpretación sobre este importante cambio de hábitos que experimenta la sociedad en la actualidad.

El descenso de matrimonios católicos en la provincia, que sigue la tónica nacional, se atribuye principalmente a factores como el clima de laicismo social que impera en los últimos tiempos o a un cierto miedo al “compromiso eterno”, por aquello de hasta que la muerte los separe. Por otro lado, también se achaca a la actual situación económica, pues, por lo general, casarse por el rito católico suele acarrear un gasto muy superior al de las bodas puramente civiles.

La catedrática en Sociología de la Universidad de La Laguna (ULL), Teresa González de la Fe, alude a un “claro proceso de secularización”. Este alejamiento de las prácticas religiosas, y en el caso de España, de la Iglesia católica, por ser la religión mayoritaria, justifica que los ciudadanos busquen “alternativas laicas” a las ceremonias tradicionalmente religiosas, ya consideradas como actos sociales. “Ya no es necesario que un dios o una entidad sagrada santifique la unión de una pareja”, sostiene la experta.

“Al igual que las bodas, los bautismos, se van sustituyendo por una ceremonia civil de bienvenida a la comunidad”, apunta, y señala al auge incipiente de los funerales civiles, aunque matiza que “para las últimas voluntades, el peso de lo religioso continúa siendo mayor”.

En la misma línea se manifiesta la sexóloga y doctora en Psicología Evolutiva de la ULL, Juani Mesa, destaca asimismo que, en la actualidad, las prácticas religiosas ya no tienen tanto peso, por lo que “es normal que las personas busquen otras alternativas más acordes a su manera de vivir y de pensar”, subraya. “Las parejas ya no se casan sólo por convicciones. Una boda civil permite igualmente a las parejas sellar su compromiso ante la sociedad frente a sus familiares y allegados”.

FEBODA
Sólo 914 de los 2.876 matrimonios celebrados en la provincia tinerfeña durante 2010 fueron celebrados por el rito católico. / DA

Secularización

“El descenso de las prácticas religiosas en la sociedad es innegable, y lo venimos constatando desde hace años”, sostiene el delegado de Familia y Vida de la Diócesis Nivariense, Juan Jesús Rodríguez, quien recuerda las largas listas de espera de antaño para contraer matrimonio en lugares emblemáticos como en la iglesia de la Concepción o en la del Cristo de La Laguna, “han desaparecido”.

El religioso tinerfeño destaca que esta disminución de matrimonios por el rito católico se advierte menos en la zona Norte de la Isla, “pero en el Sur la disminución es acuciante”. Señala además a una importante disminución de la demanda de cursillos prematrimoniales. “En los últimos dos o tres años la formación de preparación al matrimonio ha descendido un 30%”, y subraya que también se ofician menos bautizos, comuniones y confirmaciones.

La coherencia es determinante a la hora de decidir el tipo de ceremonia que selle el compromiso de la pareja. El clérigo recuerda que los que deciden casarse por la iglesia han de hacerlo por coherencia, por el propio sentimiento religioso y, en ningún caso, por el qué dirán, una simple costumbre, o por que sea un acto social más”, dice.

Compromiso… ¿eterno?

El sonado bajón del número de enlaces religiosos podría responder a un posible miedo al compromiso eterno.

De hecho, que la pareja permanezca unida hasta que la muerte les separe, es otro de los compromisos que se adquieren con la ceremonia católica.

En este punto, Juani Mesa detalla que “ahora la gente es más realista. El compromiso es para siempre, sí, pero siempre y cuando funcione. Siempre que se trate de un proyecto ilusionante y compartido que les haga crecer como personas”, afirma la psicóloga antes de apuntar que “sea o no por la iglesia, las parejas cuando se casan espera que sea para siempre”.

Teresa González matiza que no cree que este descenso de bodas por el rito católico responda a un miedo al compromiso por parte de los contrayentes ya que, desde su punto de vista, una ceremonia civil tiene el mismo sentido que una religiosa. “La fuerza de la Ley los equipara”, sostiene, y señala que el miedo al compromiso no afectría tanto al tipo de boda como a la cantidad de las mismas.

“El matrimonio es un compromiso como cualquier otro, que hay que ir renovando y alimentando con cariño y proyectos, fruto de un diálogo y revisión permanente”, explica el clérigo Juan Jesús Rodríguez, quien puntualiza que en los matrimonios católicos, los creyentes experimentan que están viviendo en la gracia de Dios. Pero hay que tener en cuenta que la boda es el comienzo de un largo proceso de mejora. Casarse por la iglesia no es la solución a los problemas”, dice.

Confianza

Desde el punto de vista social el matrimonio supone un cambio de estatus que incluye proyectos comunes tales como construir una familia. Desde un punto de vista psicológico Juani Mesa detalla que la unión implica un “importante esfuerzo emocional, económico y psicológico” que debe apoyarse en la confianza en la otra persona.
“Muchas veces nos encontramos con personas que creen que ellos sí pueden comprometerse para toda la vida, pero que desconfían de su pareja”, apunta el responsable de Familia y Vida de la provincia tinerfeña, quien reitera que “la clave del proceso es la confianza en la pareja”.

Al margen de los motivos citados existen parejas consolidadas que, simple y llanamente no se casan por la Iglesia “por si acaso”. El sacerdote tinerfeño alude a cientos de casos de parejas que tras varios años de convivencia se rompen al poco tiempo de pasar por el altar, y lo achaca a una “cierta superstición en parejas que creen que si se casan por la iglesia su matrimonio se va a venir abajo”. Juan Jesús explica que el ‘para toda la vida’ puede causar agobio y perjudicar la relación, y que es tan sintomático como desacertado.

Así, deja claro que un matrimonio no se va a romper por pasar por el altar. “El amor no se muere de hoy para mañana, pues una ruptura obedece a un proceso más largo”, especifica. Por este motivo recomienda que desde que se empiecen a notar los primeros problemas “hay que irlos solucionando”.