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Por Juan Carlos Acosta >

Locomotora agrícola

   

La ONU sitúa año tras año a la agricultura como el instrumento básico para la evolución sostenible y la reducción de la pobreza, una actividad que llama a promover para alcanzar uno de los principales Objetivos de Desarrollo del Milenio, como es reducir a la mitad el hambre del planeta para el año 2015. La institución expresa además que el sector primario es particularmente crucial en una docena de países de África Subsahariana en los que habitan aproximadamente unos 200 millones de personas, y en los que suelen sucederse emergencias alimentarias por la falta de estabilidad en sus producciones, debido sobre todo a la ausencia de iniciativas innovadoras, organizativas y de un sólido compromiso político al respecto. También apunta a que la eventual disminución de la tasa de pobreza registrada últimamente entre quienes subsisten con menos de un euro al día en el tercer mundo es una consecuencia sustancial de la inflexión de la generación rural, mientras que en los núcleos urbanos se ha mantenido prácticamente inalterable. No obstante, el organismo multilateral lamenta el escaso éxito que han obtenido durante muchos años ese puñado de regiones africanas, al tiempo que admite dificultades tales como que en casi todas ellas las cosechas no son del todo comerciales, debido entre otros factores a los costes de transacción, la naturaleza y variedad limitada de sus cultivos, la emigración o los altos impuestos que ahogan las iniciativas.

Dice Naciones Unidas que en ningún sitio es tan grave la precariedad de activos como en el continente vecino, donde el tamaño de los establecimientos agrícolas es insosteniblemente pequeño, la tierra está seriamente degradada, el agua es escasa, la inversión en mecanismos de riegos es casi inexistente y las deficiencias en salud y educación limitan la productividad. Así mismo señala que es imprescindible para lograr mayores cotas de evolución la mejora de los procesos y de los modos de gestionar los insumos en los terrenos de secano, aparte de que es necesario fortalecer los derechos de propiedad y establecer incentivos de largo plazo.

Parece evidente a tenor de estos datos que el progreso africano pasa por fortalecer la capacidad de coordinación de las labores locales con el fin de satisfacer las propias demandas básicas, para lo cual no son necesarias grandes inversiones de capital, porque se pueden resolver con un modelo solidario de desarrollo centrado humanamente, con rostro social, pero hoy por hoy sin pretender entrar en el juego de los operaciones internacionales, para los que no están ni capacitados ni autorizados por los grandes monopolios.

En cualquier caso, la actual situación de pobreza de África no se explica por su falta de recursos, puesto que sobran, sino también porque exporta sus exiguas producciones en lugar de consumirlas y no satisface siquiera sus propias necesidades, por lo que es necesario cambiar de lógica y dar prioridad al mercado interno. En última instancia, para que la revolución agrícola se produzca y se convierta en la locomotora de esas economías estancadas, primero deberán transformarse los esquemas productivos, que en la mayoría de los casos son de corte colonial y llevan al estrangulamiento del continente; y mientras tanto, por supuesto, ir avanzando en otra forma de entender África desde fuera para permitir que sus pueblos puedan acceder a la industrialización, que se debe poner al servicio del sector primario, que es su gran soporte, el núcleo de su cultura y su realidad cotidiana.