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Los guanches revivirán en Icor

   

De ida. a dcha., Iván González, Antonio Tejera, Olivia Delgado, Agustín Guimerá y Fernando Beautell, en una casa de Icor. | DA

VICENTE PÉREZ | ARICO

El histórico caserío de Icor, en las medianías de Arico, es un referente de la arquitectura tradicional canaria, pero sus muros destilan tanta historia como abandono, salvo en algunas viviendas restauradas por sus últimos vecinos sin ayuda pública alguna.

El Ayuntamiento de Arico, con la nueva alcaldesa, Olivia Delgado, al frente, ha dado ya los primeros pasos hacia la ansiada restauración de este lugar, tal como se comprometió durante la campaña electoral. El pasado viernes, durante una visita a este Bien de Interés Cultural (BIC) con historiadores y arquitectos, la regidora municipal anunció la elaboración de un plan especial de protección para este barrio, que incluya un inventario del patrimonio existente y las condiciones para llevar a cabo su restauración.

Una vez en vigor el plan, se negociará con propietarios para que, además de recuperar todo el caserío, algunas viviendas tenga un uso público como ecomuseo, así como acondicionar alguna de las cuevas existentes en el barranco aledaño para recrear el mundo aborigen.

En la visita estuvieron presentes Antonio Tejera, catedrático de Arqueología de la Universidad de La Laguna y Premio Canarias; Agustín Guimerá, investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC); los arquitectos Fernando Beautell y Alejandro Beautell; e Iván González, gestor de patrimonio histórico.

Tejera consideró que “Icor se puede vincular con el territorio arqueológico que lo rodea, y se puede recuperar para que el visitante tenga una perspectiva no sólo de la vida tradicional desde la conquista hasta los años 50 del pasado siglo, sino también con la perspectiva arqueológica que nos retrotraiga al mundo guanche”. El prestigioso arqueólogo se mostró convencido de que “buena parte de Arico se repobló con guanches de otras islas, y prueba de ello es que Diego de Torres y su familia, aborígenes de Gran Canaria, fueron traídos a este municipio”. El catedrático subrayó que “Icor era un núcleo que en su época modulaba todo el territorio, habitado por gentes con cierta posición acomodada, como muestran sus casas de cierta entidad”.

Por su parte, Fernando Beautell (quien acudió con su hijo Alejandro) subrayó el “gran valor valor arquitectónico de Icor” al que definió como “una joya” y sostuvo que su restauración es factible por su “tamaño abarcable, 11 casas, y se puede por ello hacer algo interesante de acuerdo con sus propietarios”. A su juicio, lo importante ahora es redactar un plan especial del BIC “que catalogue sus casas, los elementos etnográficos y cómo debe conservarse el conjunto, porque a los vecinos ahora les causa desconcierto querer hacer cosas y no saber cómo llevarlas a cabo”.

En la misma línea se manifestó Guimerá, quien felicitó a los vecinos que “han tenido paciencia y amor para salvar algunas de las casas en una época en que lo único que se valoraban eran solares para hacer adosados”. A juicio del investigador del CSIC, Icor refleja “el territorio singular que ha creado la lucha del hombre con el paisaje, y además existe un patrimonio intangible que es la memoria colectiva de sus habitantes”. Guimerá apoyó la idea de habilitar un sendero arqueológico que permita reconstruir la vida aborigen en una cueva del barranco, junto al futuro ecomuseo, al tiempo que estimó que en tres años todo este proyecto podría ser ya una realidad.

La alcaldesa explicó que la visita de estos expertos constituye “el punto de partida para redactar un proyecto, pues es la hora de sentarnos a tomar decisiones para salvar este BIC, siempre con los vecinos de auténticos protagonistas, pues necesitamos que sigan viviendo aquí, y al mismo tiempo dar un impulso cultural y económico a Icor y al municipio”. “Pondremos en marcha un plan especial y tocaremos la puerta de todas las instituciones competentes en esta materia para financiar la restauración”, abundó la mandataria ariquera. Delgado evocó que “desde siempre” le habían inquietado que “esta joya arquitectónica” estuviera tan abandonada.