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Los vinos palmeros llegan a EE.UU.

   

ESTEBAN DE ARMAS | LA PALMA

Los vinos de La Palma vuelven al mercado de América. Dos bodegas de la Isla han retomado la iniciativa que había quedado atrapada en el recuerdo junto a muchas referencias de un pasado que dio fama y prestigio a los caldos palmeros, que aseguran llegaron a ocupar un lugar de lujo en el acto inaugural de los Estados Unidos de Norteamérica.

En los próximos días llegará, al mercado de California, el envío de Bodegas Juan Matías Torres y, en breve, lo hará el de Bodegas Carballo, firma esta última que, el pasado año, inició contactos comerciales y que ha dado paso a la presentación en foros de interés celebrados en San Francisco y Nueva York.

Durante los siglos XVII y XVIII, los vinos palmeros llegaban a los puertos de América junto a otras mercancías. Mudo testigo y protagonista de esa aventura es una barrica que conserva Bodegas Carballo, en Fuencaliente. Antonio Eliseo Carballo, bodeguero y propietario de esa firma, recuerda que fue en 1957 cuando su padre envío el último vino a Cuba, destino que figuraba entre los mercados tradicionales de su familia, cuyo antepasado Perico Cabrera, en el siglo XIX, llego a ser el mayor productor de malvasías.

“La barrica es de roble americano y, junto a otras, hizo más de 100 viajes a La Habana. Para allá iban con vino y regresaban con ron. El barco hacía escala en Port Everglades, Florida, donde se cargaba roble, con el que hacíamos en La Palma las barricas. Fue un mercado floreciente, que se remonta mucho tiempo atrás y que ahora retomamos”.

Bodegas Carballo envió, el pasado año, una partida de vinos en la línea de elaboración monovarietal que le distingue con elaboraciones basadas en uvas listán, bujariego, negramol. Considera que hay futuro en ese mercado pero que hay que ganarlo con calidad, en un proceso que se debe acometer con cautela “demostrando que La Palma ofrece un producto diferencial”. Viky Torres se ha incorporado con las mejores herramientas a la bodega familiar. Es la quinta generación de su familia, en la bodega Juan Matías Torres, que se fundó en 1885. “La Palma sorprende a cuantos se interesan por conocerla. Los vinos no son una excepción de esa identidad sobresaliente. Aquí hemos apostado por las variedades locales y cuidamos y hasta mimamos cada uno de los pasos del proceso, de ahí que nuestros vinos estén cada día en lo más alto. El mercado de Norteamérica es un excelente trampolín para realzar nuestra singularidad y por eso nuestra apuesta tan firme y el trabajo que estamos desarrollando”, comentó.

En Fuencaliente, a pesar de la huella del incendio, renace con brío la esperanza, que se contagia en las 18 bodegas de la Isla.