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Por Juan Henríquez >

Mal ejemplo

   

El escenario es bastante simple. Senador y presidente del Cabildo de La Gomera, de nombre Casimiro Curbelo, decide ir a celebrar con su hijo, y un amigo de éste, en la idea de brindar por el fin de curso y de carrera de ambos. Se dirigen a un famoso restaurante en Madrid, donde comen espléndidamente, además muy bien atendidos por un camarero gomero. La primera pregunta: ¿qué coño hace un gomero trabajando de camarero en un restaurante madrileño? Están en todas partes. Recuerdo en una ocasión que me encontraba en Helsinki, y cuando intenté dirigirme al señor que se acercó a la mesa para atendernos, medio chapurreando el inglés, me convino a que no me esforzara, que era gomero. “¡Fiti tú!”

Nada que objetar sobre la cena. Hombre hasta normal es que el menú haya sido regado con un buen vino de marca, la ocasión lo requería, incluso con unos licores finales, incluido la invitación de la casa. La medida del alcohol que se metieron en el cuerpo durante la cena, tiene o no tiene, depende de la prueba de alcoholemia, influencia en la ruta posterior. Y no hablamos del Camino de Santiago. Porque vamos a ver, si estás con tu hijo que ha terminado su carrera, nada más, y nada menos, que ingeniero de telecomunicaciones, y con un amigo de éste, qué menos, por favor entiendan al padre lo orgulloso que debería de estar del chaval, repito, qué menos que invitarlos al Gola Chicas, antigua sala Medea. Se trata de una famosa sala de confort y relax, toma nota: “estratégicamente situado para preservar su absoluto anonimato y discreción”. ¡Coño!, pues menos mal, porque sí no te sacan en Tele 5.

Ahora, hablando entre paisanos, lo que no me entra en la cabeza es ver a las señoras del nido del amor rifándose la figura masculina del senador, porque supongo, que lo de ser gomero lo descubrirían al final. Tampoco me imagino a Casimiro Curbelo intentando echar un casquete por la cara, qué digo, ni por la cara, ni con nada, a estas alturas debe de tener el hombre el minutero como Servando el de Ja. Lo que pregunto es que hay de malo que el Senador y Presidente del Cabildo gomero, quisiera darse un buen masaje, después de una intensa jornada de trabajo, y regalarles a los chicos unos buenos revolcones con las damas más bellas del lugar, ¡qué menos! La familia debe entender que llevar a su hijo a un sitio cómo éste, era una costumbre ancestral de nuestros antepasados, por sí acaso tenían alguna desviación sexual.

El que vengan ahora dos vejestorios de la política canaria, a los que respeto y admiro, cómo Jerónimo Saavedra y Lorenzo Olarte, a justificar la actitud de Casimiro Curbelo, pues no, no tienen razón, y punto. Tampoco estamos ante los padres de la tribu que reparten cátedra sin que nadie les pueda contradecir. Pues miren ustedes, un servidor, que de hipócrita no tiene nada, y de puritano menos, piensa que éste senador y residente del Cabildo de La Gomera, no debería estar ni un minuto más en sus cargos. Quien protagoniza un escándalo público de esta naturaleza, no es un buen ejemplo de político, y una razón más para indignarse: ¡dimisión ya!

juanguanche@telefonica.net