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Por Leopoldo Fernández >

Más de lo mismo

   

Si el pleno del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife no lo remedia, hoy viviremos una nueva arbitrariedad a cuenta de la fijación de varias retribuciones salariales. Digo nueva porque ya en el primer pleno de esta corporación el equipo de gobierno rechazó la propuesta de la oposición de que se rebajaran los sueldos del alcalde y los concejales en vistas de la situación general de crisis y de la adversa coyuntura económica de la Casa Consistorial.

Era un gesto simbólico, ese predicar con el ejemplo tanta veces reclamado por quienes se dicen molestos con algunas actuaciones de la clase política. Pero que si quieres arroz Catalina: no hay nada como sostenella y no enmendalla y, por tanto, seguir ofreciendo argumentos para la desconfianza y la decepción. Así que el alcalde seguirá ganando lo acordado por el Ayuntamiento en enero, 73.214 euros brutos al año, por 57.841 el primer teniente de alcalde (cifra sensiblemente más baja y por tanto injusta) y 54.949 los concejales con dedicación exclusiva. Ahora, en edición corregida y aumentada, el alcalde nombra jefe de gabinete no a un técnico municipal o a alguien de la casa, sino a un compañero de partido, ex concejal que no pudo repetir acta por pocos votos, con un sueldo de 62.908 euros brutos al año, en tanto al jefe de protocolo de la corporación se le revisa el salario y se le aumenta hasta llegar a los 51.000 euros. Parece poco serio el que en tiempos de grandes carencias las corporaciones locales, que además están casi en bancarrota, no sirvan de ejemplo para la ciudadanía. Y lo que aquí escribo, naturalmente desde el respeto hacia los interesados, vale también para el Ayuntamiento lagunero, que ha fijado sueldos, dietas y demás prebendas en cuantía similar al de Santa Cruz.

Hablar en estas circunstancias de reestructuraciones, de austeridad y de reducción de personal eventual es puro devaneo porque, al menos en el caso de la capital, aún permanece casi la mitad del existente en tiempos de Miguel Zerolo. Con tantas necesidades sociales en los dos municipios cabecera de Tenerife, constituye todo un sarcasmo el que sus autoridades municipales cobren unos sueldos desproporcionados. ¿Es acaso lógico que los dos alcaldes, por citar a sus máximos representantes, perciban un salario superior al del presidente de Gobierno de Canarias? ¿Puede ser considerado normal que en el Ayuntamiento santacrucero existan 35 cargos de confianza y que en ambas corporaciones, como en el Parlamento, se sigan cobrando dietas por asistencia a plenos y comisiones? ¿Es que esto no forma parte de las obligaciones mínimas de los concejales? No es la palabra, sino el ejemplo, el que infunde ánimo.