X
vela > actividades en el cidemat

Navegantes por un día

   

La vela se ha mostrado como un buen medio para la integración. | DA

SUSANA NASSER | SANTA CRUZ DE TENERIFE

El proyecto denominado Escuela de Vela Adaptada CajaCanarias es una iniciativa puesta en marcha por la Federación Insular de Vela de Tenerife y Caja Canarias en 2007, con el objetivo de que los alumnos con discapacidad disfruten y se diviertan en el mar, además de fomentar sus habilidades y la integración social de este segmento de población. Así pues, se da especial relevancia a un sector muchas veces olvidado de nuestra sociedad, como son los discapacitados, tanto físicos como psíquicos, a quienes se invita a disfrutar del mar a través de la práctica de la vela.

El mar azul que rodea la Isla y presta su calma y tranquilidad les permite ser navegantes por un día en un lugar como Valleseco, donde se encuentran las instalaciones facilitadas por el Centro Insular de Deportes Marinos de Tenerife (CIDEMAT), dependiente del Cabildo y gestionado por la empresa pública Ideco a través de un convenio establecido. Cuenta con la colaboración de los monitores especializados que permiten llevar a cabo las actividades destinadas a este fin bajo excelentes condiciones. Así pues, Tenerife dispone de una de las instalaciones más conocidas del archipiélago, destinada a la práctica de vela, para aquellas personas que padecen cualquier tipo de discapacidad y quieran disfrutar del contacto con el mar a través de este deporte. La fuerza física, la movilidad, el equilibrio y la sonrisa de quienes acuden al centro son los caracteres realzadas en esta actividad.

Este deporte acoge a personas de todas las edades. El centro trabaja con niños discapacitados con edades comprendidas desde los nueve años hasta personas mayores de ochenta, lo que demuestra un gran dinamismo y adaptación deportiva. Las clases de vela para discapacitados, que han sido gratuitas desde sus inicios para personas de diferentes centros que acuden al CIDEMAT, se realizan los miércoles, jueves y viernes en la mayoría de los casos por las mañanas y con una media aproximada de 200 alumnos al año aunque ahora las actividades se encuentran paradas. Algunos de los centros de discapacitados físicos y psíquicos con quienes operan son Probosco, Apanate, Los Alisios, Centro de La Victoria, Aula Enclave del colegio de La Salle y la Residencia Santos Ángeles, entre otros.

La monitora y coordinadora de la actividad, Miriam Sánchez, junto al también monitor, Javier del Rosario, acompañan en cada clase a los alumnos que reciben a lo largo de las semanas, y a quienes prestan minucioso cuidado. El tiempo de duración de las clases varía en función del grupo recibido ya que “en algunos casos y en función de la discapacidad, quedamos a una hora y salimos a la hora siguiente, porque los alumnos tienen que entrar y cambiarse. Después se les explica todo, colocamos el barco y los subimos de uno en uno. Y ya cuando todo está listo, salimos”, explica la coordinadora. “Dentro del agua estamos una hora u hora y media, aunque también depende del grupo que venga y de las condiciones meteorológicas. Nos adaptamos a ellos”. En los meses de verano, debido a los fuertes vientos que soplan en la bahía de Santa Cruz, la actividad se ve dificultada e incluso suspendida en muchos casos. Por eso, las condiciones meteorológicas son fundamentales para navegar, ya que el viento intenso facilita el vuelque del barco, lo que supone un grave peligro. “Si existe riesgo de algo, se corta la actividad, y se les baña en la piscina que tiene el CIDEMAT”, dijo.

En relación a las instalaciones, la coordinadora resaltó que “gracias a ellos todo va mucho mejor. El centro está adaptado para subir y bajar un barco, está bien acondicionado a través de rampas, sus vestuarios, sus grúas para subir y bajar la zodiac”.

En cuanto al desarrollo de la actividad, “yo me subo en el barco con los alumnos, y también está Javier del Rosario, que se sube en el zodiac y nos escolta por si el barco se vuelca y necesitáramos ayuda. Por si alguien se marea y necesita llegar a tierra rápido. Para la seguridad ante todo”, explicó la coordinadora.

Aunque el número de alumnos por clase es aproximadamente de cinco, hay que añadir la presencia de los monitores del centro al que pertenecen, ya que se requieren atenciones especiales en función de la discapacidad que presenta la persona. Gracias a un trabajo conjunto, la relajación es el resultado que se plasma en los alumnos después de navegar en el mar. Los más nerviosos se muestran tranquilos y sonrientes, y muchos trasladan estos conceptos a sus respectivos centros donde después, recordarán la experiencia con ilusión para repetirla más adelante.

La existencia de tales actividades que fomentan la interacción social así como la diversión, es el sello que garantiza el bienestar de un sector de la población, al que es importante recordar, y que se embarcan en una aventura acuática cuyo destino es la sonrisa al poder disfrutar de la práctica de un deporte apto para todos, con una gran repercusión nacional e internacional. “Se les nota en la cara que disfrutan. Uno se queda satisfecho de que se vayan con una sonrisa. Da satisfacción personal poder ayudar”, concluyó la coordinadora de la actividad.

[apunte] La atención requerida a la hora de impartir las clases se hace bajo unos valores fundamentales como lo son la seguridad, el cuidado y la paciencia. “Hacemos una primera toma de contacto con el mar, ya que a algunos alumnos les da pánico subirse al barco. En estos casos, les damos una vuelta en el zodiac y los subimos en el raquero, que es un barco de vela que adaptamos para ellos”, explica Miriam Sánchez. Además, aquellos que han recibido más clases, incluso manejan el barco a través del timón y entienden cuando los monitores los guían en la navegación al emplear algunas palabras técnicas. A veces “hacemos piragua para variar un poco, y así se pueden mojar más y estar cerca del agua”, señala. [/apunte]