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Por Román Delgado >

No me lee nada

   

Seguro que todos ustedes, al menos los de mi generación, recuerdan aquella conocida y bailable estrofa del bueno de Rubén Blades: “La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida”. ¿A que dan ganas de menearse? Este sonido con mensaje vocal me llevó de forma inmediata y espontánea a una conversación telefónica que mantuve el otro día sobre el hoy diputado Ignacio González (CCN) y su escrito en contra del movimiento 15-M, de los indignados, para entendernos.

Si uno lee el hiriente artículo del señor don Ignacio González, si uno consigue leerlo en toda su extensión (que esto se pone difícil desde las líneas iniciales), la primera conclusión que extrae de esa secuencia de insultos, intolerables e inusuales en cualquier persona, mucho más en un personaje público, es que el señor don Ignacio González lee muy poco; en efecto, lee poquísimo o no lee nada.

Me tranquiliza saber que a partir de ahora esa tarea que prescriben intelectuales y artistas, e incluso algún que otro médico, la pueda desarrollar con normalidad y en lugar tan confortable el flamante diputado, para lo que ya tiene rincón a la sombra y con hilo musical en la calle de Teobaldo Power, el espacio concebido para sus señorías canarias, las que han conseguido tan noble denominación tras una larga jornada de votación y recuento de sufragios en el 22-M. Por favor, esta fecha no se debe confundir con el 15-M, algo que, por cierto, el señor don Ignacio González parece que tiene bien claro, pese a que de su reseñado escrito no se pueda desprender eso mismo; o sea, que es, ante todo, un demócrata.

La persona con la que charlé hace nada, la del teléfono, sobre esta figura irrepetible, universal y omnipresente en la política de las Islas estaba tan indignada que estuvo a punto de parecerse demasiado a él, lo que hubiera sido igual de nefasto. Hablamos y hablamos, y al fin se tranquilizó, y yo entonces ponderé con aproximación más certera el alcance del citado artículo, de lo que concluí que reflexiones como las del señor don Ignacio González sobre los adeptos al 15-M conducen a la indignación justificada, denotan un analfabetismo rancio y preocupante, más si se es diputado (representante del pueblo, se suele decir), y lo que quizá sea peor, incitan a la violencia. Como me consta que el señor don Ignacio González no ha leído mucho en su aún corta vida (y le deseo que sea un anciano feliz y vigoroso), pese a que estudió, creo, en Estados Unidos y otros países de profunda tradición democrática, a los que se llega en avión y tiempo hay para sacar no uno sino muchos libros y como además entiendo que el señor don Ignacio González es de los que se enronchan con los libros, aprovecho esta ocasión para presentarle a un autor italiano que sí conoció algunos de los términos que él mencionó en su bodrio de artículo. Señor don Ignacio González: ante usted el maestro Primo Levi, que éste sí supo, y en sus propias carnes, lo que es fascismo y nazismo, y lo escribió. Llévese bajo el brazo, a su escaño de la calle Teobaldo Power, Si esto es un hombre, y horrorícese con lo que es el fascismo, y luego, por favor, si aún le queda algo de decencia, escriba otro artículo y desdígase de todo aquello que de manera indolente afirmó en el anterior. Si esto es un hombre, de Primo Levi, lo pondrá a usted en su sitio, e incluso a caldo. Sirva este adelanto como primera clase: “Por naturaleza el odio no me viene fácilmente. Lo considero un sentimiento animal y torpe, y prefiero en cambio que mis acciones y mis pensamientos, dentro de lo posible, nazcan de la razón”. Lo dicho, señor don Ignacio González. Hay que leer mucho, que usted no me está leyendo nada.