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RETIRO LO ESCRITO > POR ALFONSO GONZÁLEZ JEREZ

Normalidades

   

No sé por qué debemos considerar esta situación como normal. No lo es. No es normal ni aceptable que este país sufra cerca de un 30% de desempleo. No lo es. No es normal ni tolerable que la inmensa mayoría de los parados sobrevivan gracias a un mezquino subsidio, a la solidaridad de las familias, a una cada vez más próspera economía informal.

No son normales las colas de cientos de ciudadanos en los centros de Cáritas, con la mirada fija en el suelo, agonizando de vergüenza; no son normales nuestras ugandesas tasas de fracaso escolar; no son normales los asombrosos gestos de avestrucismo de una élite política que solo sabe meter la cabeza bajo tierra esperando que escampe.

Quisiera que, por una vez, alguien se adelante desde alguna autoridad (política, académica, científica) y diga la verdad: esta es una crisis estructural, el fortalecimiento del sector turístico no acabará con la mayor parte del desempleo, hemos desaprovechado miserablemente las vacas gordas para articular otros modelos de negocio en Canarias porque nuestras administraciones públicas son tan onerosas como escasa es la autonomía de los agentes políticos, partidos y líderes, frente a los poderes empresariales del Archipiélago.

Prefiero el cinismo pringoso a los dengues cobardicas. “Pues sí, miren ustedes, en diez años vamos a perder más de un 10% del PIB de 2007, no conseguiremos crear ni la mitad de los empleos necesarios, nuestra capacidad para insertarnos eficazmente en la economía internacional se ha visto muy reducida y nos deberemos resignar a una generación de jóvenes isleños perdida por todos los andurriales de la desesperanza. Podrían intentarse cambios, pero nuestro taifismo político, empresarial y financiero, y el riesgo de desquebrajar nuestro entrañable status quo, nos lo impide de verdad. Perdonen las molestias”. Tampoco es normal que un presidente del Gobierno deba jurar por su honor que no está involucrado en ninguna sospechosa actividad empresarial en México.

Porque Paulino Rivero había dejado documentalmente clara la falsedad del poder notarial incluso antes de que fuera publicado con una fanfarria retórica digna de La venganza de Don Mendo. El papel colgado por Kanarileaks apestaba a falsedad desde el primer minuto, pese a la gracieta de los autores de la web: “No sabemos si es auténtico o no, ayúdanos a averiguarlo”. Pero que astuta amabilidad la suya. Primera regla del periodismo: antes de publicar nada, corrobóralo. Ah, que ustedes no son periodistas. Ciertamente. Ustedes son unos guanajos.