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NOMBRE Y APELLIDO > POR LUIS ORTEGA

Odon Elorza

   

En una convalecencia en clima tórrido, con las nuevas corporaciones – monocromas o ensaladas mixtas – y el gobierno autónomo que estrenan funciones, comparto el desencanto por la fallida aspiración de Las Palmas a la capitalidad cultural de 2016 pero, en absoluto, y no lo tomen como petulancia, me cogió de sorpresa. También creo que políticos sagaces y de largo recorrido, como Jerónimo Saavedra, Paulino Rivero, José Manuel Soria y Juan Cambreleng, por sólo citar cuatro, saben de antemano que estas decisiones se cocinan en otros lugares, en otros tiempos y, después, se oficializan, con calculada teatralidad en el momento oportuno. La Bella Easo es una de las más atractivas ciudades litorales de España pero no presentaba el proyecto más completo o audaz, (la candidatura insular puso en valor la baza tricontinental y preveía una inversión de ochenta millones de euros) ni podía competir en valores monumentales con la ocho veces preterida Córdoba, las singulares Segovia y Burgos o la renovada Zaragoza cuyo alcalde Juan Alberto Belloch encabeza la lista de airados críticos a una decisión polémica, adoptada por motivos políticos y que, en manos, de Bildu, que aún no ha pedido la disolución de ETA, puede pervertir sus propósitos originales. La lectura del fallo ha suscitados adjetivos gruesos; el edil de la capital aragonesa – ex ministro de Justicia e Interior con Felipe González – dice, nada menos, “que dejar en manos de un partido de estas características el control de la candidatura española es un dislate sin paliativos”, y Rosa Aguilar, ex alcaldesa de Córdoba, “habla de un magnífico error del jurado”. A Manfred Gaulhofer y a la ministra González Sinde, la reina de los despropósitos, les tocó ver las malas caras y oír las respuestas desabridas a una decisión polémica, adoptada hace muchos meses, cuando el voluntarioso y derrotado Odón Elorza la vistió, con la mejor intención, como una oportunidad para normalizar la vida en Donosita y, por ende, en Euskadi. La coalición heredera de Batasuna pasó del proyecto y, ni en la investidura ni hasta la fecha, su sucesor Juan Karlos Izaguirre, ha tenido el valor de condenar la violencia etarra y reclamar la entrega de las armas a los terroristas. Nadie puede engañarse con estas decisiones honorarias que sólo reportan beneficios a los salomones de vía estrecha que recorren las candidaturas y son tratados como reyes y luego hacen lo que está previsto, lo rentable y políticamente correcto. Siempre fue así y, con estas reglas viciadas, ahora queda la magua de cinco ciudades dolidas, el triunfo pírrico de un político honrado – Odón Elorza – y el incierto destino que la panda coyuntural que campa por Euskadi dará a su proyecto honesto y bienintencionado.