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sin complejos > por fernando fernández

Reivindicación de la política

   

Durante los últimos años la desconfianza de los ciudadanos en la política es el dato más llamativo de los estudios sociológicos en España. Al contrario que hace 30 años durante la Transición, ahora algunas instituciones, como la Corona y las fuerzas armadas, gozan de un notable prestigio, mientras los políticos son percibidos más como un problema que como una solución. El dato, de por sí muy grave, debería hacer reflexionar a los dirigentes políticos. No deberíamos confundir la política con los políticos, pues una y otros no son la misma cosa y lo que yo vengo a reivindicar hoy es la importancia de la política, de la Política, como el único camino para salir del agujero negro en el que nos encontramos ahora. Este no es solo un problema español o canario, conozco bien que está extendido universalmente, pero ahora a mí me preocupa España. Es tan imprescindible como urgente recuperar el prestigio de los cargos públicos al servicio de la política, de lo contrario el deterioro de nuestra democracia seguirá acentuándose inexorablemente. Los partidos políticos, o mejor, sus dirigentes, deberían tomarse este asunto como algo prioritario y trascendente, de lo contrario el actual estado de irritación y desapego ciudadano hacia las instituciones democráticas aumentará, como consecuencia del discurso retórico dominante vacío de contenidos y de algunas conductas reprobables.
Jean-François Revel, uno de los más brillantes y polémicos representantes del pensamiento liberal en la segunda mitad del siglo XX, desarrolló la tesis de que la corrupción es el cáncer que corroe a las democracias.
Algunos escribidores que no me atrevo a llamar intelectuales de la izquierda, pretenden difundir la idea de que la derecha sociológica corruta, que diría Pepiño Blanco, tolera la corrupción de sus representantes; al contrario que el votante de izquierdas, al que una supuesta superioridad ética y moral, la corrupción de los suyos les desanima de acudir a la llamada de las urnas. Ello justificaría, según esta tesis, que el valenciano Camps, por citar un ejemplo de actualidad, obtenga mayorías absolutas a pesar de sus reprobables actos, sean o no constitutivos de un delito.
Un intelectual de la izquierda catalana al que leo, Josep Ramoneda, eleva a categoría, por emplear un concepto filosófico, lo que a mi juicio no es mas que el sesgo ideológico de un debate que demanda mayor altura. Atribuye Ramoneda el desprestigio de la política al discurso neoliberal que desde Reagan y la Thatcher tiende a una deslegitimación de lo publico. El mismo uso del término neoliberal ya me jode bastante, pues intenta desprestigiar las políticas liberales. Como resulta feo declararse no liberal o antiliberal, se descalifica al neoliberalismo. No se habla del neocomunismo o del neosocialismo de Zapatero, por ejemplo. Los primeros son ecosocialistas y al segundo se le cambia por Alfredo P.
Los políticos contribuyen con su tolerancia a su propio descrédito. La mayoría de los políticos son gente honorable, pero no han sabido o no han querido expulsar de entre los suyos a los que con sus actos dañan el prestigio de todos. El sensacionalismo y, a veces, el sectarismo de algunos medios no son ajenos al actual estado de deterioro de la política, sin olvidar a algunos magistrados con piel de gallina más sensible que su supuesta sagrada independencia Es urgente que todos hagamos lo necesario para reivindicar la importancia y la necesidad de la Política, porque así no podemos seguir.