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POR JAIME RODRÍGUEZ-ARANA * >

Sobre la crisis económica y financiera

   

Es frecuente, muy frecuente, culpar de la crisis económica y financiera a la ausencia o deficiencia de los controles o a la avaricia de banqueros y dirigentes empresariales. En el primer caso, los controles es verdad que han podido fallar debido a su excesiva dependencia de la política o a su extraordinaria complejidad, que dotó al sistema de una rigidez teórica que luego propició, por su imposible cumplimiento, una sorprendente fragilidad. En el segundo caso, puede ser que el ansía de mayores ganancias, a como de lugar, por el procedimiento que sea, de los poderes financieros, hasta llegar a la ideología del lucro, que es todo beneficio obtenido sin contraprestación, hayan pesado lo suyo en la etiología de la crisis. Pero, a mi juicio, el problema está en la persona, en el ser humano. Domingo de Soto, insigne representante de la extraordinaria, hoy tan preterida, Escuela de Salamanca, ya sentenció en el siglo XVI una obvia verdad: el comercio no es ilícito en sí mismo, son los comerciantes los que pueden hacerlo ilícito. Otro tanto puede decirse del Estado o de cualquier otra realidad humana.

Pues bien, si compartimos esta perspectiva, debemos calificar de oportunista y peligrosa, como tantas construcciones diseñadas para justificar el mantenimiento y la conservación del poder, la distinción weberiana entre etica de la responsabilidad y ética de la convicción. El problema de la teoría de Weber es que si no hay convicción no puede haber resultados. Hegel se equivocó cuándo decía que el Estado era la encarnación del ideal ético. En el mismo sentido, yerran quienes piensan que el Mercado en sí mismo es fuente de conductas éticas. Es decir, no hay ética del Estado, no hay ética del Mercado. En todo caso, hay ética en las personas que tienen una posición relevante en el Estado o en el Mercado. En otras palabras, la falacia de la ética de los procedimientos, aplicada a la crisis económica y financiera, no hace más que distraernos de las verdaderas causas de un desaguisado más cercano a la persona humana que a las instituciones y a las estructuras.

En este contexto, Gotti Tedeschi, un economista italiano que ha escrito sobre la crisis económica y financiera, afirma que las familias norteamericanas han perdido, por causa de la crisis, el 50% de sus propias inversiones. La razón reside en que en los últimos 25 años se había inflado un 50% la economía de los Estados Unidos. ¿Por qué razón, se pregunta Gotti Tedeschi?. Sencillamente porque desde hace treinta años en el mundo occidental, a ráiz de la autocontemplación de su éxito económico, se dejó de tener hijos. Por entonces se bloqueó el crecimiento económico y hubo que buscar la manera de expandir el crédito a como diera lugar, sin control, para volver a sendas de crecimiento como las de antaño. El problema es que si la población no crece no puede crecer la economía. Entonces, se tomó la decisión más nefasta: no nos resignemos y sigamos viviendo como triunfadores. A partir de ahí, la cadena de consecuencias que conocemos es más que lógica.
El problema, pues, no es de orden técnico, aunque ciertamente es menester hacer algunas reformas de los sistemas de control. El problema es de orden cultural, de naturaleza moral. Como reconoce Gotti Tedeschi, la causa de esta desgracia está en saber distinguir entre verdad y libertad. Mientras que el pensamiento único nos anima a que la libertad nos conducirá a la verdad, es la búsqueda de la verdad la que nos permite ser libres. Desde la verdad podemos ser libres. En cambio cuando la libertad precede a la verdad, aparece el positivismo y el relativismo que, al final no esconden más que la pretensión de la voluntad de los fuertes de dominar a los débiles, hoy tan real.

La clave, desde este planteamiento, no está tanto en el cambio de las instituciones y de los procedimientos como en el cambio de los seres humanos. Hacen falta nuevos hombres y mujeres que cambien los viejos instrumentos dice Gotti Tedeschi. Los instrumentos manejados por seres humanos comprometidos con la justicia y la solidaridad es obvio que no pueden tolerar situaciones como las que hemos vivido y, desgraciadamente seguimos viviendo. Las instituciones y los instrumentos, dice con razón Gotti Tedeschi, son neutros: son las personas que los dirijen quienes dotan de contenido moral sus decisiones y determinaciones. He ahí el problema, y he ahí, también la solución.

* Catedrático de derecho administrativo. jra@udc.es