X
Por Víctor Álamo de la Rosa >

Sting canarión

   

Y vino mi amigo Ciclano de Las Palmas todo chulito y bien encendido de alegría porque había visto a Sting en su gran concierto canarión y se puso a contarme lo mucho que le había gustado el recital del clásico británico y la Orquesta Sinfónica de Gran Canaria, absolutamente impecables, y lo poco que le había gustado la organización (si apretaba la vejiga y querías orinar te perdías una hora de concierto porque no había meaderos para tanta gente, pero si querías comer algo era peor porque simplemente no vendían nada que echarse a la boca), pues tremendo paréntesis hizo Ciclano en su relato, ese cuento que no sabía ni por dónde empezar.

Y me dijo que era asombroso escuchar a Sting en vivo porque su voz, y mira que es pureta, era la misma voz que aquel jovencito rubiales The Police que lleva 30 años desgranando éxito tras éxito, desde Every breath you take a Desert rose, pasando por Fragile y tantos otros clásicos de esa retahíla larga que sir Aguijón ha ido entretejiendo a base de intuiciones personales mezcladas con músicos del mundo, que para eso no se corta un pelo en dejarse seducir por los aires brasileños de la bossa o los sonidos más beduinos, que todo este mestizaje vale si después la canción que sale y flota es personal, es única, es Sting y se llama arte, cultura de la grande y la buena y de la que atrae a masas y cambia y revive una ciudad y hace a la gente mejor y más feliz. Y aunque el batiburrillo de la organización sembró de incomodidades innecesarias a los asistentes, Ciclano vio allí a una nutrida representación política canaria (esos que llevan más de la cuenta viviendo de la política y que no quieren entender que en política hay que estar como mucho ocho años y después dedicarse a otra cosa) se preguntó si se pagaron su entrada o formaría parte de sus dietas y prebendas ya inadmisibles y entonces deseó que Sting les dijera que no abusaran de la Democracia porque la Democracia también tenía sus aguijones. Y aunque ellos los políticos que ya no sabemos ni cómo cambiar estaban allí sentaditos en primera fila, casi siempre babosamente enchufados, Ciclano me dijo que él sabía que Sting no cantó para ellos sino King of pain, metáfora de lo que sus comportamientos insolidarios nos duelen, sino que en realidad cantó para que la cultura mayúscula nos haga más felices aunque a fuera caiga tenebrosa tormenta del mileurismo y el paro, dijo Ciclano sin ni siquiera probar las ricas tapas que habíamos pedido en el nuevo restaurante Vive Gaudium que, oh milagro está en esa ciudad Santa Cruz de Tenerife, olvidada en tantos mapas.