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EL OBSERVADOR > CARLOS E. RODRÍGUEZ

Tiempos de renovación y cambio

   

Algunos buenos expertos económicos, nada afines al Gobierno del inverosímil Rodríguez Zapatero, me dicen que, por primera vez en mucho tiempo, hay algunos indicios de que pueda estar iniciándose un cierto cambio de signo en el proceso de la profunda crisis económica actual, indicios que abrirían la esperanza de poder abordar, eso sí, a través de una política económica seria y eficiente, alguna senda, difícil y lenta, pero esperanzadora, de recuperación. Claro está que, al final del final, todo conduce al mismo punto, que es la urgencia de unas elecciones generales anticipadas que llevasen a La Moncloa un liderazgo, de izquierdas o de derechas, capaz y competente. No cabe duda de que, si verdaderamente se abre alguna esperanza de salir del pozo de esta terrible crisis económica, lo mismo el socialista Rubalcaba que el conservador Rajoy estarían en condiciones de diseñar una estrategia eficiente y designar y conducir equipos capaces de llevarla adelante, lo que sería obviamente si no imposible, que seguramente lo sería, al menos muy difícil con la permanencia de Rodríguez Zapatero al timón del Gobierno del Estado.

Para decirlo con entera claridad, Rodríguez Zapatero es el principal problema de esta hora de España y su salida de La Moncloa cobra ya visos de imperativo de salvación nacional. Los expertos opinan que, bajo una dirección seria, concertada y eficiente, la economía española, a pesar de la profundidad alcanzada por la crisis y por la ineficiencia de los últimos años de gobierno, estaría en condiciones de diseñar y afrontar un programa serio de recuperación. Nada menos que esta oportunidad es lo que España, esto es, los españoles, están perdiendo con cada día que Rodríguez Zapatero permanece en La Moncloa, aferrado al poder, esto es, a sus prebendas y privilegios, contra cualquier lógica y cualquier sensatez. Lo insistiré una vez más, porque es muy importante que la ciudadanía lo tenga claro: el problema no es el PSOE, que es un gran partido con magníficos dirigentes y excelentes cuadros, probablemente necesario para esta hora difícil de España, sino personalmente Rodríguez Zapatero.

Nadie sensato puede imaginar a Rajoy y Rodríguez Zapatero diseñando y pactando juntos un programa nacional de salida de la crisis e inicio de la recuperación de la economía, pero no es, en cambio, imposible que, reunidas las condiciones adecuadas y el apoyo necesario de los mejores expertos, pudieran hacerlo Rajoy y Pérez Rubalcaba, políticos de signo ideológico antagónico, pero ambos serios, capaces, incluso en buena medida fiables y seguramente comprometidos con los intereses generales de España. Cada uno de ellos, por supuesto, desde la posición en que le coloquen los electores en esas elecciones generales anticipadas que son ya, conviene insistir en ello, un imperativo de salvación nacional, el camino para poner fin a esta larga pesadilla de la etapa presidencial del inverosímil Rodríguez Zapatero y recuperar los valores de la transición y de todas las etapas que siguieron hasta aquel desafortunado día en que el terrorismo islámico, y ciertamente la pésima gestión del terrible crimen de Atocha por el entonces Gobierno Aznar, consiguió cambiar en unas horas el signo político del país.

Para decirlo con entera claridad, sin Rodríguez Zapatero en La Moncloa, casi con cualquier otro presidente de izquierdas o de derechas, España estaría probablemente en condiciones de diseñar y llevar adelante una línea eficaz de recuperación económica y recibir las asistencias y apoyos internacionales para ello. El inmenso daño que Rodríguez Zapatero está haciendo al conjunto del país y a cada uno de los españoles probablemente merecería algo más que una valoración conceptual. Alguien tendrá que explicarnos de forma comprensible algún día como ha sido posible que un partido, el PSOE, que tiene dirigentes de la calidad, fiabilidad y nivel intelectual de Josep Borrell, Joaquín Almunia y tantos otros, ha podido permitir no tanto el asalto al poder por parte del intelectualmente menos que insuficiente Rodríguez Zapatero, como su permanencia en La Moncloa cuando ya era evidente y notorio que carecía de las capacidades intelectuales y sobre todo, de las cualidades éticas para tan alta responsabilidad. En cualquier caso, y para paliar un poco el comprensible pánico de la hora presente, conviene dejar claro que España tiene resortes para salir del pozo de la crisis, y dirigentes políticos, de izquierdas y de derechas, con capacidad y fiabilidad para convocar consensos de amplio espectro, aunar esfuerzos y conducir la economía española hacia una senda de recuperación, una vez que haya salido de La Moncloa el político inverosímil que nos ha sumido en el descrédito en Europa y en las simas profundas de la crisis.

Sucederá lo que tenga que suceder y vendrán decisiones incómodas, difíciles e impopulares, pero España, esto es, los españoles, saldremos de este pozo y recuperaremos el impulso de los años anteriores a Rodríguez Zapatero. El diálogo transversal de izquierdas y derechas es hoy tan necesario como en los difíciles años de la transición. Alfredo Pérez Rubalcaba y Mariano Rajoy deben ser capaces de acometerlo, y sobre todo, de hacerlo rodeados de los excelentes expertos económicos con que cuentan ambos grandes partidos e implicando activamente a las organizaciones empresariales y sindicales. Conviene, en definitiva, recuperar el espíritu de un gran y honrado socialista de los años de la transición, el entonces llamado “viejo profesor” Tierno Galván, cuando advertía a los diseñadores de presuntas grandes estrategias políticas: “No se enreden ustedes. Se trata de hacer algo tan sencillo y al mismo tiempo tan difícil, como vivir todos juntos, vivir todos libres (aquí hacía una muy expresiva pausa)… y a ser posible, vivir todos bien”. A este raro y dañino Rodríguez Zapatero, permanentemente extraviado en raros experimentos de ingeniería social que nadie parece haber reclamado, alguien, desde dentro de su propio partido, tendrá que hacerle la famosa advertencia del político norteamericano: “¡Es la economía, tonto!”. Cuanto antes se le haga, mejor para todos, incluso para los socialistas.

Por otro lado, más de dos centenares de correos electrónicos han respondido ya a la convocatoria, que lancé la semana pasada desde este mismo DIARIO DE AVISOS, para que los empresarios gallegos residentes en Canarias pongamos en marcha una Asociación. Anticipo que, en pocas semanas, todos ellos recibirán la convocatoria para una reunión constituyente de Aegacan y un proyecto inicial de actividades. Pronto se verá que la comunidad gallega en Canarias quiere fomentar los grandes objetivos de un Archipiélago llamado a cobrar enorme importancia económica. Canarias será, más temprano que tarde, ese gran Singapur del Atlántico, económicamente poderoso y territorialmente seguro, por el que algunos llevamos clamando desde hace mucho tiempo.