X
nombre y apellidos > por luis ortega

Torres Queiruga

   

El extraño robo del Códice Calixtino, cuya desaparición se advirtió con notable retraso, está rodeado de un misterio proporcional a la importancia del manuscrito más famoso de la Catedral de Compostela y que, en esencia, constituye la primera guía del Camino de Santiago, elaborado en el siglo XII y primorosamente iluminado. Frente a las opiniones iniciales del deán José María Díaz, que cifró su posible precio en unos seis millones de euros, el editor Manuel Moleiro, especialista en ediciones facsímiles, elevó la cantidad a cien millones, coste tan elevado que impidió su exposición en sucesivas ediciones de las Edades del Hombre. La falta de pistas fiables ha desatado una tormenta de opiniones que sólo coinciden ante la pérdida irreparable de una obra única que, evidentemente, carecía de garantías fiables en su custodia. Algunas son técnicas, como la del presidente del Tribunal Superior de Galicia, José María Cadenas que lo ha calificado como “un hecho atípico al que habrá que buscar, inicialmente, motivación”. El teólogo Andrés Torres Queiruga aventura una teoría más audaz “¡Quién te dice a ti que esto no sea una especie de montaje!”. Y va aún más allá: “No sería alguien que viendo lo descuidado que está el patrimonio de la iglesia ha hecho esto para que se pongan más medidas de seguridad y, después, lo devuelvan”. La policía lleva sus hipótesis por otros derroteros y apuntan el robo por encargo de un millonario sin escrúpulos, condenado a contemplar a escondidas este primor bibliográfica; la venta por páginas -como casi ocurrió con el último robo en la Biblioteca Nacional-, recuperado luego en Argentina y la actuación, más venial de un cleptómano, que no resistió la atracción de poseer la joya y, según fuentes de la investigación, “es uno de los mejores supùestos porque, muchos asustados de la gravedad del delito, acaban por devolver de modo anónimo o discreto la pieza a cambio de su inmunidad”, y como hablamos de un libro sagrado, “con sano propósito de enmienda”. Todavía hay otros criterios como el del catedrático Díaz de Bustamante: “Esto no es una locura o un chantaje a largo plazo, porque el Códice Calixtino tiene más valor simbólico que estético, y se puede comparar con el Pórtico de la Gloria, por ejemplo”. Al margen del interés y variedad de las especulaciones, lo que realmente importa es la recuperación de la maravilla sustraída -de una cámara blindada con tres llaves- e impulsar un programa de colaboración con los poderes civiles para la protección de nuestro patrimonio cultural.