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LA COLUMNA > MANUEL IGLESIAS

Visiones diferentes de una realidad

   

España es un país relacionado constantemente con los fenómenos emigratorios, bien sea por los españoles que en el pasado viajaron a otros países para buscarse un futuro (algo que por lo visto hoy se repite en menor escala y con profesionales más cualificados), como por los naturales de otros lugares que han escogido nuestra nación para residir y realizar sus actividades laborales.

Pero si bien la emigración española al exterior tenía un único emisor, el territorio español, más allá de las diferenciaciones regionales (canarios, gallegos, asturianos, etcétera) con sus propias idiosincrasias locales, la inmigración que ha venido entre nosotros tiene orígenes muy diversos, tanto en lo geográfico como en lo cultural y en las costumbres.

No es lo mismo hablar de inmigración cuando la referencia es a Latinoamérica, donde las fronteras de lengua, cultura, religión, etcétera, se solapan, a que se haga de personas procedentes de países islámicos, africanos o asiáticos, donde las diferencias son importantes, no sólo con los europeos, sino entre ellos en sí.

En estos días se ha publicado un trabajo del Centro de Estudios de Migraciones y Desarrollo de la Universidad de Princeton e investigadores del Instituto Universitario de Investigación Ortega y Gasset, en el que se ha entrevistado en 200 colegios de Madrid y Barcelona a 7.000 estudiantes de 14 y 15 años cuyos progenitores son inmigrantes procedentes de 63 países diferentes, que también han sido entrevistados.

Un dato significativo es que un 75 por ciento de los hijos de los inmigrantes -asiáticos, árabes, etcétera- no se identifican como españoles y sólo una cuarta parte de ellos desean vivir en España cuando sean adultos. Por contra, sus padres se sienten cómodos y no discriminados.

Este trabajo se desarrolla en Madrid y Barcelona, con unos ambientes de grandes poblaciones diferente a la convivencia que se puede tener en otros lugares como Canarias, pero son datos interesantes y que permiten algunas reflexiones sobre la complicación del análisis de la inmigración, no sólo dividida en orígenes y culturas distintas entre todos, sino también en una diferente visión generacional.

Los padres que han emigrado lo han hecho en un porcentaje importante alejándose de situaciones difíciles, bien sean económicas, de inseguridad, de falta de oportunidades,de búsqueda de sanidad o una educación para sus hijos, etcétera, por lo cual se sienten más cómodos en la comparativa de lo anterior y lo actual , mientras que los hijos, que tal vez han conocido la tierra de sus padres de vacaciones, o eran niños cuando salieron, mitifican esa realidad que quedó atrás, en la que están sus familiares directos, sus amigos, una cultura nacional compartida, etcétera, y aún no han tenido que cargar directamente como adultos los problemas que sí motivaron a marchar a sus padres. Y no es de desdeñar, tampoco, una mayor sensibilidad juvenil al roce con alguna discriminación.