FAUNA URBANA > POR LUIS ALEMANY

¿Banca rota?

La moderada llamada de atención de Pérez Rubalcaba a la institución bancaria española, recriminándole sus excesivos beneficios, y cuestionando así -de manera muy prudente- la funcionalidad de la estructura capitalista que la Banca occidental (La Banca por antonomasia) ostenta, -hay quien dice que detenta- pudiera parecer que pone de manifiesto -de alguna manera- la existencia de una cierta evolución del pensamiento de la más que descafeinada izquierda sedicentemente socialista del país, que pasó regresivamente -en muy pocos años: ya en su primer acceso al poder con Felipe González- del agresivo planteamiento de la debatida nacionalización de determinados servicios de interés primario, a la privatización de otros que administraba el Estado: una política continuada superlativamente a través de los sucesivos gobiernos de derechas, y que la reciente administración (que se supone nuevamente de izquierdas) prosigue con aparente entusiasmo.

Tal vez sería ingenuamente maniqueo interpretar, a través de esta crítica bancaria, la existencia de graves fisuras entre supuestas facciones del socialismo español; que tal vez existan a ciertos niveles menores, aunque limitadas a plantear -a lo sumo- diferentes perspectivas metodológicas de una misma realidad económica; porque no queda más remedio que reconocer que -en última instancia- solicitar la corrección de determinados defectos de una determinada institución supone la aceptación implícita de la necesidad de su inevitable existencia, que es donde -muy probablemente- se halle el espinoso problema de esta supuesta crisis económica, debida a convertir a tal institución en exclusiva administradora de la riqueza universal.

No deja de resultar significativo -a este respecto- que esta llamada de atención socialista a la actividad bancaria, coincida parcialmente con una de las escasas tomas de posición llevadas a cabo -hace uno días- por los indignados, en sus primeras reivindicaciones explícitas, tras su largo periodo inaugural de inhibición reivindicativa; porque tal coincidencia pudiera suponer la alarmante (¿o tranquilizadora?) coincidencia de que los extremos se tocan, desde el momento en que tanto el Sistema socialista como el Antisistema indignado, critican a la Banca, aceptando -más o menos a regañadientes, pero aceptando- su inevitable presencia, sin proponer (ninguna de las dos críticas) alternativas al respecto: protegerla -como se está haciendo-, corregirla o abolirla.

Posiblemente ni Smith, ni Marx, ni Keynes se inclinarían por ninguna de esas soluciones.