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“Confío mucho más en el trabajo de la gente que en los bancos”

Bram Bhavnani en su despacho, donde tuvo lugar la entrevista. | JAVIER GANIVET

DOMINGO NEGRÍN MORENO | SANTA CRUZ DE TENERIFE

Lo primero que hace tras guiar al periodista hasta su modesto despacho en un edificio de oficinas de Santa Cruz es fijar la mirada en el monitor del ordenador para seguir los movimientos de la bolsa. Mientras atiende al entrevistador, Ram Bhavnani gira de vez en cuando la cabeza hacia un televisor que emite la señal de un canal de economía e intercambia impresiones con un empleado que le pone al corriente de las novedades desde una sala contigua.

-¿Cómo van los negocios?

“Bueno, hoy está mejorando un poquito… Pero, lamentablemente, no hay estabilidad”.

Sigue la incertidumbre, ¿no?

“Demasiada incertidumbre”.

-¿Qué estrategia ha seguido desde que empezó a invertir en la bolsa española, allá por 1983?

“Ha cambiado. Antes invertíamos a largo plazo y ahora tratamos de salir de la inestabilidad”.

-¿El endeudamiento es la peor enfermedad?

“Sí, y mi mayor preocupación es devolverla”.

-¿Usted es más pobre ahora que hace veinte años?

“La pobreza es relativa si en tu corazón te sientes rico. Si tenemos salud y trabajo, ¿qué más se puede pedir?”.

-¿Quién se ha equivocado más?

“Todos nos hemos equivocado: los gobiernos, los políticos, los empresarios, los economistas, los analistas, las familias… Hemos vivido durante mucho tiempo por encima de nuestras posibilidades”.

-¿Y ahora qué?

“Lo que hay que hacer es poner cada cosa en su sitio. ¡Mira a Muamar Gadafi! Le podría pasar a cualquiera”.

Si no se dice toda la verdad sobre la crisis, estaremos viviendo en un engaño”

-¿Ha pensado en retirar ese dinero volátil y dedicarlo a algo más tangible?

“Ya lo estamos haciendo. Invertimos más en bonos a renta fija y menos en acciones”.

-¿Está la situación como para fiarse de los bancos?

“Nosotros hemos participado en los bancos. ¡Y así están! Más vale confiar en el trabajo de la gente. Es mucho más seguro”.

-¿Por qué solo ha invertido un millón de euros en Banca Cívica, cuando se había hablado de cien?

“Eso era hace un año y pico. Nos retiramos del Popular y pensábamos tomar una cantidad grande, pero los valores caen a diario y no hay confianza. Banca Cívica es una gran entidad, con gente seria, pero los tiempos son malos. Si he metido dinero es para colaborar simbólicamente”.

-¿Con cuánto capital?

“Si las acciones salieron al mercado a 12,70 euros, son unos 360.000 títulos”.

-¿Cuál ha sido el resultado?

“Desde que se formalizó la compra, en la apertura de la operación, las acciones han caído entre un 10% y un 12%”.

-¿Eso era lo esperado?

“Más o menos. No me tiro de los pelos”.

En algún periodo, la deuda española ha estado por encima de la alemana”

-¿Y en Bankia?

“No. Aparte de los remanentes del Popular, tenemos algo en Banca Cívica. Y ya está. Aunque nos gustaría administrar el 5% de Banca Cívica, este no es el mejor momento”.

-¿En cuántas sociedades está repartida su participación?

“Bueno, poseemos una parte de ONO, tenemos en alquiler hoteles de tres estrellas… Son 300 millones los que hay invertidos solo en el sector monetario”.

-¿Los bienes inmobiliarios son un quebradero de cabeza?

“La venta de inmuebles está complicada. Supongamos que tengo un piso que vale un millón de euros, pero vete a saber cuánto te van a pagar. Hay pisos que llevo vendiendo durante cuatro años. Empecé por 600.000 euros, cifra que se redujo a 400.000 y a 300.000. En ese tiempo he estado pagando impuestos y me he hecho cargo del mantenimiento. En fin…”.

-¿Nunca se interesó por la compra de los hoteles de Nueva Rumasa?

“No, porque nosotros no explotamos hoteles, sino que los ponemos en alquiler para que los gestionen otros”.

-¿Cómo se está comportando el mercado financiero con ustedes?

“Hemos rebajado mucho la deuda gracias a que disponemos de un 60% de nuestro capital invertido en valores monetarios. La deuda está muy localizada. El global no suma más de 200 millones, que es sin duda una gran deuda. Alrededor del 30% lo destinamos a bonos españoles”.

-¿No le asusta el riesgo?

“Nosotros confiamos en la solvencia de España. En algún periodo, la deuda española ha estado por encima de la alemana y algún día volverá a los niveles normales”.

-¿Qué futuro le ve a la construcción?

“Construcción siempre va a existir, pero con otra mentalidad. El suelo está agotado, por lo que habrá que exprimir la imaginación para sepultar viejos hábitos bajo de los escombros de la especulación”.

Para ser feliz, no necesito rodearme de lujos. La mayor fortuna es la salud”

-¿El libro en el que cuenta su historia como inversor en la bolsa desde 1983 hasta 2007 también se ha desvalorizado?

“Claro. Antes primaba el apalancamiento y ahora hay que despalancar. No queda más remedio. En estos momentos toca consolidar en lugar de arriesgar. La edad también es un factor importante. El cuerpo ya no aguanta tanto”.

-¿Pesa mucho el efecto psicológico en la crisis?

“Desde luego. ¿Por qué estamos hablando todos los días de crisis? Si nos detenemos en el pasado jamás avanzaremos”.

-¿Noviembre es tarde para las elecciones generales?

“Para mí que deberían haber sido en agosto o septiembre a lo más tardar. Cuanto más rápido, mejor para el país”.

-¿Qué les pide a los políticos?

“Que hagan lo que demandan los españoles y no confundan más. Yo les presto mi confianza si hacen los deberes y rectifican, pero que no se anden con rodeos ni medias tintas. A cambio de mi colaboración, les exijo transparencia. Hay que ser honrados, como en la casa de cada uno de nosotros. Si ganas quinientos euros, no le digas a tu familia que te pagan mil, porque eso lleva a gastar más de lo que ingresas. Debemos aprender a vivir con lo que tenemos y a decir toda la verdad sobre la crisis. De lo contrario, nos estaremos engañando. Están prometiendo cosas que saben de sobra que no pueden cumplir”.

-¿Cuál es el mayor error que ha cometido usted?

“¿Errores? Soy un refugiado que vine de la India, donde estudié y trabajé con mi suegro, que amablemente me aceptó como empleado cuando solo era un vecino suyo. A continuación me mandó a España. Aquí me dieron cobijo. En realidad, soy shindi. Somos un pueblo sin patria. Nuestra lengua es distinta a la de India y escribimos de derecha a izquierda, igual que los árabes y los kurdos. [Nació en Hyderabad, en una región que pertenecía a la India hasta que, en 1947, quedó dentro de las fronteras de Pakistán tras la descolonización británica]. Doy gracias a Dios por haberme permitido sortear las adversidades. Tengo 78 años y llevo más de cincuenta en Canarias. He pagado todo lo que he cogido prestado de los bancos, que se han portado bien con nosotros y nos han otorgado créditos. ¿Qué más se puede pedir? Lo peor que me ha pasado es perder a una hija de 37 años. Esa sí que es una gran desgracia”.

-¿Y el secreto de su éxito?

“La familia es el origen de todo. A partir de ahí, no ser avaricioso, no desesperarse, no adelantar en las curvas, frenar a tiempo, tratar bien a los empleados… No he tenido problemas laborales. No he despedido a nadie. Los que ya no están se han ido porque ellos han querido. Tanta conflictividad no es rentable. Por eso, una de mis normas es cuidar los modales. Los empresarios han de ser honrados y no abusar de su posición”.

-¿La desconfianza es resultado del exceso de confianza de otra etapas?

“Sí. Desconfío de los derrochadores y de los directivos que no son sinceros. Mi ideal es vivir con tranquilidad y alegría. Para ser feliz, no necesito lujosas viviendas ni coches potentes. La mayor fortuna es la salud”.

-¿La solución hay que buscarla en el ámbito familiar, más cerca de lo que habitualmente se cree?

“Indudablemente. Lo mismo que sirve para el Gobierno vale para las familias y las empresas. Y viceversa. Las soluciones están delante de nuestras narices. Basta con agudizar el olfato. Una lección fácil de aprender es la que nos enseña a no gastar más de lo que ingresamos. No me cansaré de repetirlo. Es una locura endeudarse con lo que se va a cobrar en uno, dos o en cuatro años. ¿Para qué meterse en ese pantano si solo con los intereses ya nos ahogamos? La clave está en ahorrar y gastar lo que se ingresa. Si en una familia entran 3.000 euros al mes y salen 4.000, la ruina está garantizada tarde o temprano. Lo recomendable es ir guardando para los días malos y ajustar la economía doméstica a los sueldos”.

-Resumiendo, ¿lo suyo ha sido suerte o talento?
“La suerte es un dividendo del talento [se ríe]. Quien pretende encontrar las oportunidades sin buscarlas está abonado al fracaso, salvo que la providencia le conceda un crédito”.