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LA CASA DE LOS BELGAS > LA PUERTA DEL BOSQUE MILENARIO (y III)

“Dieron vida a Agua García”

   

Antonio Herrera Martín era vecino y amigo de los belgas, la familia Reichling, en Agua García. | MOISÉS PÉREZ

CRISTINA DELGADO | Tacoronte

Aún conserva el mismo color en sus paredes. Está prácticamente intacta, a pesar de que se encuentra bastante deteriorada e, incluso, guarda entre sus muros una gran caja fuerte que representa a la perfección la riqueza que albergó la familia Reichling. Se trata de la Casa de los Belgas, ahora un patrimonio histórico, arquitectónico y hasta sentimental para la gente de Agua García, en Tacoronte.

La caja fuerte es de lo poco que queda en la casa, que, por lo grande que era para la época, fue imposible de trasladar junto al resto de las pertenencias. Un transporte del que fue testigo Antonio Herrera, un vecino de Agua García, ahora jubilado, que desde los 17 años trabajó en el puerto de Santa Cruz de Tenerife. “Se dice que la herencia fue para una sobrina. Pero lo que sé con exactitud es que estuvieron unos anticuarios recogiendo todo y se lo llevaron en dos contenedores en barco a Bélgica”.

En la vivienda aún se conserva la gran caja fuerte de los Reichling. | M. P.

Antonio Herrera asegura que la familia Reichling hizo de “la casa una mansión”, ya que la compraron en obras y la terminaron, añade. Incluso, construyeron un aljibe, gracias al cual se lograba acumular un millón de litros de agua, ya que en la zona había escasez de este bien natural. “Ellos venían con una visión arquitectónica de la que nosotros estábamos a años luz”.

Herrera cree que “llegaron a la Isla poniendo un punto y aparte a su vida y empezaron de cero”. Su pasado no lo conoció, “pero el presente que vivieron aquí sí”: la señora, Elise, “era muy amable; don Camile, que llevaba siempre un gorro grande, era un tanto seco, y su hijo René el más controvertido, pero eran unas grandísimas personas”, dice Antonio Herrera, un hombre que llegó a subirse en el coche de los belgas, el Packard, porque eran vecinos y tenían “muy buena amistad”, asegura.

Ahora ve la casa “con pena”, pero le alegra “que se haga algo en ella, porque el pueblo de Tacoronte le debe mucho a los belgas, y se tiene, al menos, que mantener viva su memoria”. Además, sus restos se encuentran en la iglesia del barrio “y allí seguirán hasta que nosotros sigamos aquí”, sentenció. Respecto al proyecto de la casa como establecimiento turístico que presentó la empresa propietaria de la finca, a Antonio Herrera le pareció “fascinante”. Tiene “unas ganas impresionantes de que salga adelante, y que todas las instituciones pongan algo de su parte para que finalmente se desarrolle”.

La casa es un “patrimonio sentimental” para los vecinos. / m. P.

Esta casa, en la entrada al bosque de laurisilva, es, ante todo, un símbolo de cómo logró crecer el barrio de Agua García, cuyos habitantes guardan decenios después un inmenso agradecimiento hacia los belgas.