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OPINIÓN > POR ANTONIO ALARCÓ*

800 años

   

El 11 de agosto se celebra la Festividad de Santa Clara, desde 1958 patrona de la Televisión y fundadora de la Orden de las Clarisas. Cuenta con unas 20.000 religiosas y cerca de 1.250 conventos en todo el mundo, uno de ellos en San Cristóbal de La Laguna, Tenerife. Coincidiendo con esta fecha, hace unos días, se desarrolló en La Laguna el primero de los actos que componen el programa de conmemoración de los 800 años de historia de la congregación. Invitado personalmente por la Madre Abadesa, acudí a la Solemne Eucaristía de Apertura del Año Jubilar, entrañable e inolvidable por el contenido y la forma. Clara de Favarone, descendiente de una ilustre familia de la ciudad de Asís en Italia, nació en 1193. Contaba con solo 12 años cuando sus padres la prometen con un caballero de la nobleza. Su conversión se efectuó al oír un sermón de San Francisco de Asís en 1210, cuando tenía 18 años, en el que escuchó que para tener plena libertad para seguir a Jesucristo hay que librarse de las riquezas y bienes materiales. Consciente del rechazo que su decisión generaría en su casa, se fugó de ella el 18 de marzo de 1212, Domingo de Ramos.
Su padre, al darse cuenta de su huida, sale en su búsqueda con la determinación de llevársela de vuelta. La firme convicción de la joven hace desistir al caballero, que poco después vería como Inés, otra de sus hijas -también santa-, y su sobrina Pacífica, se unían a la Orden, que tenía su residencia en el Convento de San Damián, ubicado en Asís. Aunque siempre renegó de todo liderazgo, sus seguidoras fueron llamadas las Hermanas Menores, o Damas Pobres. San Francisco redactó para ellas un catálogo de normas aún vigentes, modificadas por el IV Concilio de Letrán en 1215, que les permitía atesorar propiedades, lo que no agradó a Clara, que se opuso a ello y terminó por obtener de Inocencio III un “privilegio de pobreza”, por el cual nadie podría obligarlas a tener rentas. Fallecido San Francisco, acudían a visitarla cardenales y obispos que buscaban su consejo y ejemplo. Acostumbraba a desarrollar los trabajos más costosos y consagró su existencia al sufrimiento y la oración, asombrando al resto de integrantes de la orden por su capacidad de ayuno.
Después de 27 años de larga enfermedad, el 10 de agosto del año 1253, falleció a los 60 años de edad y 41 de ser religiosa. A su muerte ya había 50 monasterios de monjas clarisas por todo el mundo conocido. Su cuerpo, descubierto incorrupto en 1850 después de ocho noches de trabajo, se venera en la Basílica de Santa Clara, edificada en Asís a partir de 1257 sobre los restos de un hospital para pobres y la antigua Iglesia de San Jorge.
Siguiendo su ejemplo, bajo el lema “Todo por Cristo y para Cristo”, las hermanas clarisas dedican su vida entera al trabajo y la oración. Los conventos de la Orden no pueden tener rentas fijas y viven de dádivas y de su trabajo de costureras, en la huerta o como reposteras. Son muchos los novios que antes de casarse les llevan 13 huevos para que haga buen tiempo el día de su boda. La rectora de los conventos, algunos agrupados en federaciones, es la Madre Abadesa, elegida cada cuatro años por las monjas, que conviven en modestas celdas de las que sólo salen en caso de enfermedad o para acudir a votar. El único requisito para ingresar en la Orden es la vocación religiosa y la entrega a la pobreza, lo que incluye dejar el hogar y renunciar a sentir vínculo afectivo previo, porque una vez se ingresa, termina toda relación con la familia.
A las dos y media de la madrugada se levantan para rezar maitines, con los que comienzan una jornada de oración y trabajo, que desarrollan con su característico hábito negro y sandalias. La paciencia que da una vida entregada a la clausura, unida el grosor de las paredes del convento, ha permitido conservar no sólo las recetas con las que elaboran sus apreciados dulces, sino también un magnífico legado cultural del que hoy todos disfrutamos.
Su única sede en Canarias es la Iglesia y Monasterio de Las Clarisas de San Cristóbal de La Laguna, fundada en 1577 en la actual calle Ernesto Ascanio y León Huertas. Después de sufrir un incendio en 1697, que afectó a todo el recinto, se reconstruyó, terminándose el templo actual en 1700. Sus muros evocan la idea de clausura, y sobresale la esquina, que forma un torreón macizo con un mirador de estilo canario fabricado en 1717. El interior del recinto religioso, que acoge obras de inmenso valor, sirve en ocasiones de lugar propicio para conciertos de música sacra.
Los trabajos de remodelación del convento y su iglesia, cuya primera fase se entregó el pasado mes de marzo, están llamados a devolver el esplendor de este edificio a nuestra Ciudad Patrimonio de la Humanidad, pero también a dar dignidad a la comunidad, compuesta por 15 monjas, con Sor María Luz, como Abadesa, una religiosa aún joven que llegó al monasterio hace trece años. Varias de ellas, de hecho, han contado con permiso para asistir esta semana en Madrid a las Jornadas Mundiales de la Juventud.
Si bien practico la duda metódica, mis principios básicos son católicos y me han sido muy útiles para mi vida cotidiana y profesional. Quiero expresar mi profundo respeto y total disposición a seguir colaborando activamente con una congregación comprometida con la cultura, que mantiene sus puertas abiertas ante cualquier necesidad de la sociedad tinerfeña.
A lo largo de estos ocho siglos, millares de mujeres han recorrido el camino que Clara de Asís inició, y son hoy las monjas contemplativas más numerosas en todo el mundo.
*Senador del PP por Tenerife y
portavoz de este partido en el Cabildo