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sobre el volcán > por Randolph Revoredo Chocano

A parir

   

En los mentideros de Wall Street se bromea diciendo que con la rebaja crediticia de las letras del tesoro americano los inversores van a ir a refugiarse a… las letras del tesoro americano.

La sensación que se puede experimentar en estos días es que, de nuevo, todo alrededor se derrumba; más o menos cuando la quiebra de Lehman Brothers en octubre de 2008. Italia y España mandan señales de mucho nervio al mundo exterior; Estados Unidos ya asustaba al personal con que la recuperación se desvanece reapareciendo el fantasma de una nueva recesión.

Y si alguien se detiene un poco más en España, la cosa no es en absoluto para sentarse y ver la película, sobre todo cuando la peli es un recuento en tiempo real -bastante contaminada de emociones e ideología- de quienes ven dicha película. No somos los únicos, aunque sí unos de los primeros, en atreverse a decir que lo peor no lo hemos visto todavía en España cuando otros se entretienen intercambiando cromos y llenando páginas con moralinas y comportamientos de manada (repitiendo lo que otros dicen en otras latitudes).

Lo peor está por venir. Y si no se acometen grandes, dolorosos “neoliberales” cambios y se rompen dogmas sagrados, España entrará en una dinámica que lamentará durante veinte años; tendrá una generación perdida cuyos componentes más inquietos emigrarán a enriquecer la economía de otro lugar.
Unos de los grandes elementos positivos -no sin ciertas reservas- está en el movimiento 15-M, porque ataca algunos de los grandes problemas de fondo de los que adolece la sociedad española: el alejamiento y enrocamiento de la clase política (“no nos representan”), corrupción, privilegios, endogamia, estancamiento, ausencia de oportunidades y de un futuro para los jóvenes.

No tanto porque este movimiento en sí mismo tenga la capacidad de rectificar el rumbo de un país, sino porque es un “hasta aquí llegamos” en soportar determinada situación de taponamiento: este Estado en las actuales circunstancias tiene el potencial de generar un efecto carambola que se puede unir a otros también emergidos con los numerosos cambios de fondo que sufre la economía mundial desde 2008. (Son los menos los que entienden que lo que está ocurriendo es la emergencia dolorosa y tectónica de un nuevo sistema financiero mundial y siguen analizando la situación en clave ya obsoleta).

Volviendo al inicio, difícil es saber qué pasará esta semana con tantos calderos en el fuego internacional. Nos atrevemos a creer que la rebaja crediticia americana es un golpe psicológico más que otra cosa. No creemos en que ocurra un pánico como el ocurrido la semana pasada -jueves-, cuando el Dow Jones cayó 500 puntos a causa de la rebaja de la agencia de rating Standard & Poor’s (S&P).

La Reserva Federal de Estados Unidos ya tomó medidas rápidas bastantes sensatas de no exigir incrementos de capital a los bancos por la pérdida de calidad en el capital; asimismo el mercado de repos puede que sufra algún sobresalto, pero se sabía qué iba a pasar (S&P avisó y puso umbrales mínimos que no se cumplieron con el acuerdo de elevar el límite de endeudamiento) con los bancos americanos, que tienen reservas de efectivo especialmente anticipando este evento.
Habrá algunas incertidumbres en las bolsas americanas; no obstante, hay consenso en que no necesariamente será un momento Lehman de riesgo sistémico. Con perdón de los muchos que sufrimos los cambios que nos toca vivir en estos tiempos, no podemos dejar de agradecer al azar el vivir tiempos de revolución: pensar en las inmensas oportunidades que se abren en numerosos frentes.
La (auto)destrucción de algo siempre implica la creación de algo que lo sustituye y que, mientras no esté consolidado, es un llamado a mentes creadoras.
Por lo demás, ojalá que en España estemos experimentando un doloroso parto y no un shock previo al coma.